Devociones privadas, disfrutes públicos

Arte virreinal en la Colección Patricia Phelps de Cisneros

Junio 22, 2017

Para celebrar la donación de 119 objetos de la colección colonial de la CPPC a cinco instituciones simultáneamente, invitamos a tres curadores a escribir sobre cómo se relacionarán estas obras con las ya existentes en las colecciones de estos museos. En esta segunda entrega, Rosario Granados, Curadora asociada Carl & Marilynn Thoma de Arte Colonial Español en el Blanton Art Museum, habla sobre cómo estas obras coloniales de Venezuela estarán contextualizadas en su reconocida galería Art of the Americas.

La primera parte, escrita por Jorge Rivas, Curador Frederick and Jan Mayer de Arte colonial español del Denver Art Museum, se puede leer aquí. La tercera parte, escrita por Dennis Carr, Curador Carolyn and Peter Lynchof de artes decorativas y escultura del Boston Museum of Fine Arts se puede leer aquí.


Uno de los aspectos más relevantes de la Colección Patricia Phelps de Cisneros (CPPC) de arte virreinal es su énfasis en el arte creado en Venezuela entre 1650 y 1850. Sin embargo, más allá de la delimitación temporal y geográfica, lo que para mí hace de esta colección un universo único es su marcado interés por aquellos artefactos realizados para la práctica religiosa individual. A través de diversos objetos de plata, esculturas en marfil, óleos sobre lámina, y varios otros materiales, la CPPC enfatiza de manera única la diversidad de la cultura material que apoyaba la vida cotidiana en sus niveles más íntimos. Por ello me es muy grato saber que algunas de estas piezas de la cultura material devocional venezolana podrán ser ahora exploradas en detalle por estudiantes e investigadores interesados en profundizar en el estudio del mundo virreinal, gracias a que una selección importante de la CPPC ha sido donada recientemente al Blanton Museum of Art, el museo de arte de la Universidad de Texas en Austin.

Entre los objetos que más llaman mi atención dentro de la CPPC están los cuatro tabernáculos portátiles, seguramente manufacturados para la devoción de los individuos más ricos de la sociedad.

/
Fig. 1. Desconocido, México, Tabernáculo (Siglo XVIII). Madera policromada y dorada y espejos. Abierto: 130.8 x 263.5 cm. Cerrado: 130.8 x 90.2 x 50.2 cm

El más grande (Fig. 1) de estos trípticos tiene su sección central delimitada por cuatro columnas policromadas y doradas, dentro de la cual hay una imagen tallada de la Inmaculada. Las alas laterales, pintadas en un brillante color bermellón, contienen diez espejos dispuestos en dos niveles a todo lo largo, colocados así para reflejar la luz de las velas que casi con seguridad serían encendidas delante del mueble;  estas piezas laterales son tan largas que parecieran arropar a la imagen central, incrementando así su fuerza simbólica. Esta pieza fue realizada en la Nueva España de la segunda mitad del siglo XVIII y llevada a Venezuela para figurar, muy probablemente, en un oratorio doméstico, siendo así un testimonio de la migración de objetos, personas y devociones entre territorios lejanos.

/
Fig. 2. Escuela de Caracas, Tabernáculo (Siglo XVIII). Madera de cedro, óleo y dorado. Abierto: 78.4 x 81.3 x 20.3 cm. Cerrado: 78.4 x 53.3 x 20.3 cm

Otro de los tabernáculos (Fig. 2) en la colección fue realizado en la capital venezolana hacia 1775 en madera de cedro. En la parte central del tríptico hay un crucifijo tallado; esta figura contrasta  en su encarnado con el azul índigo del fondo que incluye decoración sobredorada con los símbolos de la pasión y rocallas. Las alas laterales del mueble son rojo quemado, también con elementos sobredorados, y tienen figuras pintadas de San Antonio de Padua y Santa Bárbara. Es probable que la inclusión de ambos santos se deba a la naturaleza misma del mueble como un artículo de viaje, pues San Antonio era considerado patrono de los viajeros mientras que Santa Bárbara, como patrona de los artilleros, era una de las patronas más populares para evitar la muerte súbita y sin asistencia espiritual que podía ocurrir mientras se estaba en tránsito. Las dimensiones de la pieza (78.4 cm o 30 7/8 in de alto) hoy en día podrían parecer demasiado grandes para su traslado constante, pero éste es un tamaño menor al de la mayoría de las petacas, o maletas, con las que las clases adineradas transportaban su menaje entre ciudades, tal como lo muestra este ejemplo (Fig. 3) de la misma Colección Cisneros, por lo que resulta viable considerar que ésta fuera la función del tríptico. 

/
Fig. 3. Desconocido, Perú, Baúl (Siglo XVIII). Madera de cedro, cuero policromado e hierro. 62 x 107 x 53cm. Denver Art Museum. Gift of Patricia Phelps de Cisneros in honor of Natalia Majluf
/
Fig. 4. Desconocido, Venezuela, Tabernáculo con la Virgen de Chiquinquirá, Santa Barbara y San Juan Nepomuceno (Siglo XVIII). Óleo y témpera sobre madera. Abierto: 33.5 x 74 x 4 cm. Cerrado: 33.5 x 36.5 x 4 cm. Blanton Museum. Promised gift of Patricia Phelps de Cisneros

El más pequeño (Fig. 4) de los tabernáculos en la colección es mucho menos elaborado que los dos ejemplos mencionados anteriormente, pero resulta igualmente fascinante como obra de devoción. Muestra en el centro a la Virgen de Chiquinquirá, famosa por ser patrona de la Nueva Granada (actual Colombia). El hecho de que también fuera patrona de la provincia venezolana de Zulia, hace plausible considerar la posibilidad de que este mueble haya sido manufacturado ahí. En las alas laterales tiene representaciones de la ya mencionada Santa Bárbara y de San Juan Nepomuceno, patrono contra las habladurías. En este caso, sin embargo, la razón de tener justo a estas tres imágenes representadas en un mismo mueble no es tan clara y puede deberse sólo al capricho devocional de quien comisionó su manufactura.

/
Fig. 5. Juan Pedro López, Tabernáculo con San Joaquín y Santa Ana (Siglo XVIII). Óleo y témpera sobre madera de cedro. Abierto: 91.1 x 88.3 x 16.5 cm. Cerrado: 91 x 58 x 16.5 cm. Blanton Museum. Promised gift of Patricia Phelps de Cisneros

El cuarto de los tabernáculos (Fig. 5), también sin decoración sobredorada, tiene pintados en las alas laterales a Joaquín y Ana, los padres de la Virgen María. Estas figuras han sido atribuidas a Juan Pedro López, el más famoso pintor de la Caracas del siglo XVIII. Esta doble iconografía permite adivinar que la imagen central, hoy perdida, era una representación de la madre de Jesús. Es acertado entonces que se le haya añadido recientemente una imagen de Nuestra Señora del Rosario, también relacionada con López, aunque definitivamente no de su mano. El estilo de López es identificable en varias obras de la CPPC, convirtiéndola en uno de los más grandes repositorios de la obra de este pintor. Sin embargo, hay una pieza que me resulta particularmente interesante, pues abre una ventana al quehacer cotidiano de la práctica artística que ha sido poco explorada. El artefacto en cuestión es un sencillo escaparate (Fig. 6) realizado en madera de cedro que incluye imágenes de jarrones floreados en las puertas, pintadas en tonos blancos y verdes. 

/
Fig. 6. Juan Pedro López, Escaparate (Siglo XVIII). Madera de cedro pintada. 198 x 108 x 34.5 cm. Blanton Museum. Gift of Patricia Phelps de Cisneros

Alacenas como esta eran cruciales dentro del mobiliario de los comedores de las casas más adineradas en todo el mundo hispánico. Aunque no era raro que se pintaran, no han sobrevivido en un estado de conservación lo suficientemente bueno como para poder entender el papel de sus decoradores. En este caso, el acabado de las flores y los jarrones ha permitido la atribución,[1] revolucionando con ella nuestro entendimiento sobre la práctica artística al mostrar cómo se llenaba el tiempo de los pintores, ocupados también de la creación de pinturas religiosas.[2] Esta pieza redimensiona así mismo nuestro entendimiento sobre la cultura visual de la época al establecer vínculos con soportes materiales seculares de los que han quedado pocos ejemplos.

Además de los trípticos, la Colección Cisneros es particularmente rica en piezas anónimas de mediados del siglo XVIII de pequeñas dimensiones, igualmente realizadas para apoyar la devoción individual. Estas obras tienen un promedio de 35 centímetros de alto y fueron elaboradas en su mayoría sobre madera. Es interesante que este tipo de soporte haya sido utilizado en estas piezas pues en otras partes de la América española desde fines del siglo XVI se privilegió el uso del lienzo sobre la madera sólida. Sabemos que algunas de estas tablas son de madera de cedro, pero no me parecería raro que también se hubieran trabajado maderas locales, como ocurre en varios de los muebles que también forman parte de la colección. Sabemos por ejemplo, que los ebanistas activos en Venezuela utilizaron maderas propias de la zona como la caoba, el carreto y el gateado. Si este es el caso, pudiera ser que la madera hubiera sido favorecida para hacer estos objetos todavía más accesibles a un número mayor de consumidores piadosos.

 

/
Fig. 7. Desconocido, Venezuela, Nuestra Señora de las Angustias (Siglo XVIII). Óleo sobre madera. 26 x 19.7 cm. Blanton Museum. Promised gift of Patricia Phelps de Cisneros

Como ejemplo de estas pequeñas piezas devocionales cabe mencionar una imagen de Nuestra Señora de las Angustias (Fig. 7) realizada en la ciudad de Coro, cuyo voluptuoso marco bermellón sobredorado provoca que incluso el sufriente tema central se convierta en una delicia a la vista. Me parece igualmente interesante que un par de obras de este género privado hayan sido realizadas en témpera a principios del siglo XIX, pues implica que el óleo no fue siempre la única opción para los pintores, lo que impone la necesidad de considerar varios otros materiales que hasta ahora han recibido poca atención por parte de la comunidad académica. 

La donación de la Colección Patricia Phelps de Cisneros al Blanton Museum of Art coincide con un importantísimo préstamo de larga duración de la Colección Thoma de arte colonial suramericano. El préstamo y la donación marcan el nacimiento de un área curatorial dentro del museo que se caracterizará no sólo por montajes críticos del arte virreinal, sino también por su énfasis en la investigación y la enseñanza. Con esta nueva área, el Blanton reafirma su compromiso de mostrar arte latinoamericano a diversas audiencias, tarea iniciada décadas atrás a través de su reconocida colección de arte moderno y contemporáneo. Esta donación además, fortalece de manera inequívoca la reputación de la Univeridad de Texas en Austin como uno de los centros más notables dentro los estudios latinoamericanos, misma que se ha forjado a través de colecciones tan importantes como las que se incluyen en la Benson Library y por la gran calidad del profesorado dedicado al estudio de esta región.[3]

Un par de piezas provenientes de la CPPC están ya expuestas en las recientemente inauguradas salas permanentes del Blanton, y estarán ahí para ser admiradas hasta el inicio del de 2018, momento en que las salas dedicadas a la producción plástica de la América española se renovarán nuevamente. Cada montaje anual incluirá una selección de los artefactos de la CPPC, con la expectativa de atraer continuamente nuevas miradas y provocar preguntas profundas, siempre con miras a intensificar el disfrute público de las otrora devociones privadas. 


Las obras representadas en Figs. 1 y 2 son parte de la Colección Patricia Phelps de Cisneros. La obra representada en la Fig. 3 es parte de la donación al Denver Art Museum. Las obras representadas en las Figs. 4–7 son parte de la donación al Blanton Museum of Art. 

[1] Agradezco a Jorge F. Rivas por haber compartido conmigo esta información sobre la atribución realizada por el historiador y restaurador venezolano Carlos F. Duarte, Director del Museo de Arte Colonial Quinta de Anauco.

[2] El pequeño expositor atribuido al maestro ebanista Domingo Gutiérrez que también forma parte de la colección, podría haber sido también sobredorado por Juan Pedro López, mostrando aún más profundamente la diversidad de actividades en las que tenían que desenvolverse los pintores durante el periodo virreinal. Véase De oficio pintor: arte colonial venezolano: colección Patricia Phelps de Cisneros (Caracas: Fundación Cisneros; Santiago de los Caballeros; Centro León, 2007).

 

[3] El programa de posgrado en Historia Latinonamericana en la Universidad de Texas en Austn volvió a ser reconocido como el pimero en calidad según US News. https://www.usnews.com/best-graduate-schools/top-humanities-schools/lati...


 Translated from the Spanish by Phillip Penix-Tadsen