Mirada femenina sobre América del sur: Maria Sibylla Merian en Surinam, 1699–1701

Agosto 23, 2017

Las mujeres artistas y naturalistas que viajaron a América Latina y el Caribe en los siglos XVII al XIX fueron más de las que uno supondría. Al igual que para sus homólogos masculinos, la promesa de la aventura y el descubrimiento era incentivo suficiente, y sus privilegios económicos y sociales facilitaron el camino. Sin embargo, las mujeres que viajaban eran en cierto modo más intrépidas y decididas pues debieron confrontar normas sociales de lo que se suponía era un comportamiento apropiado para su sexo a fin de ganar credibilidad y la libertad necesarias para seguir este camino. Esta es la segunda entrega de una serie de textos en los que la doctora Katherine Manthorne arroja luz sobre algunas de estas artistas viajeras que triunfaron siguiendo su visión.​


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Jacobus Houbraken, Retrato de Maria Sibylla Merian (c. 1700). Fuente:Wikimedia Commons

 

Combinando su amor por el arte y la ciencia, Maria Sibylla Merian (1647-1717) revolucionó la forma en que Europa observaba la naturaleza suramericana. En 1699 viajó de Ámsterdam hacia Surinam, una colonia holandesa en el extremo noreste del sur del continente (también llamada Guayana Holandesa, homologándola así con la Guayana Francesa y la Guayana Británica, hoy Guyana). Allí capturó imágenes a escala de los insectos autóctonos con detalles de su hábitat natural y de sus ciclos reproductivos. En 1705, a los 52 años de edad, publicó su obra maestra: Metamorphosis Insectorum Surinamensium, un libro ilustrado en holandés y latín que fue una sensación en toda Europa. Descritas como extrañas, vibrantes y hasta horríficas, estas increíbles acuarelas fusionan la observación empírica con una imaginación visionaria para presentar una perspectiva de la naturaleza en constante cambio.

Al igual que la mayoría de las mujeres del siglo XVII que desarrollaron una carrera artística, Merian trabajaba en el negocio de su familia. Aunque tenía sólo tres años cuando murió su padre, Matthäus Merian el Viejo (1593-1650), su obra como grabador y editor de libros de historia natural, ilustrados de manera extravagante, formaba parte de sus genes. Su padrastro, el comerciante de arte, grabador y pintor de naturaleza muerta Jacob Marrell, le enseñó a pintar, una habilidad que aplicó a sus propios bodegones de pájaros, insectos y flores. A los dieciocho años de edad contrajo matrimonio con el pintor y grabador Johann Andreas Graff con quien tuvo dos hijas, y su devoción religiosa aumentó. En 1685 abandonó a su esposo y a su congregación luterana y viajó a Holanda para unirse a los labadistas, una secta religiosa contemplativa que predicaba la propiedad comunal y la crianza conjunta de los niños. Continuó recolectando, reproduciendo y pintando insectos, y eventualmente se divorció. En 1699 se embarcó en una nave junto con su hija Dorothea Graff para unirse a una colonia labadista en Surinam, en donde estudió y bosquejó durante los siguientes dos años los ciclos de vida de especímenes locales, desde mariposas hasta pájaros, hasta que una enfermedad (probablemente malaria o fiebre amarilla) la obligó a regresar a Ámsterdam prematuramente. En el viaje de 1701 de vuelta a Holanda, Meriam y su hija cargaron consigo un precioso bagaje: dibujos en acuarela cuidadosamente empacados en cajas de madera selladas y especímenes de insectos, plantas y animales conservados en tarros de brandy que serían la base para su libro La Metamorfosis de los Insectos de Surinam publicado cuatro años más tarde. [1]

Antes de siquiera soñar con ir a Surinam, Merian pasó décadas documentando plantas e insectos europeos en su país. Inicialmente hizo pinturas de flores en combinación con insectos que eran más decorativas que científicas. Más adelante se interesó particularmente en los ciclos de vida de los gusanos de seda, polillas y mariposas a los que criaba en su casa para poder observar su desarrollo. Sin embargo, en vez de representar a la mariposa como una metáfora de la resurrección del alma -una representación típica en su época- se concentró en su transformación biológica. Meriam pasó muchas noches en vela en un intento por observar las cuatro etapas de su metamorfosis: huevo, larva (oruga), pupa y adulto. Los huevos suelen ser depositados en las hojas de las plantas y, una vez gestada, la oruga emerge e inmediatamente comienza a comerse la hoja para facilitar el crecimiento. Cuando son lo suficientemente grandes, se forman en una pupa o crisálida, dentro de la cual la oruga, corta y sin alas, se transforma en algo extraordinario. Finalmente, la polilla o mariposa adulta emerge y sacude sus alas, que la mayoría de las veces son coloridas y modeladas.

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Fig. 2. Maria Sibylla Merian, Vermin mirabilis, una representación del ciclo de vida del insecto (1670-1679), de un álbum de 160 dibujos titulado "Merian’s Drawings of European Insects" © Trustees of the British

Tras estudiar estas etapas sucesivas, Merian las combinó en acuarelas como ésta que representa el ciclo de vida de la polilla. En la imagen superior capturó dos orugas y dos crisálidas en una rama de follaje con grosellas rojas, las polillas adultas rondando cerca. En la página inferior desarrolló este sujeto, mostrando diferentes tipos de polillas en varias posiciones, junto con larvas y pupas dispersas alrededor de la página. Éstas fueron reproducidas para un álbum de 160 dibujos titulados Merian’s Drawings of European Insects & c. publicado de forma póstuma en holandés en 1730.[2]  Meriam adoptó la convicción protestante de que la naturaleza era la encarnación de la obra de Dios e impregnó todo su trabajo con matices espirituales.

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Maria Sibylla Merian, Rama de naranjo con frutos con ejemplos de polilla marrón y rosada (C. 1701-1705), de un álbum de 91 dibujos titulados "Merian’s Drawings of Surinam Insects" © Trustees of the British

Los gusanos de seda fueron su primer interés. En esta ilustración retrató, en la parte superior de la página, una polilla de seda grande y debajo de ella a las larvas en estado de pupa dentro de un gran capullo sobre la rama de un naranjo con frutas. "Tejieron un hilo resistente, lo que me hizo pensar que podría ser buena seda", observó. "Así que tomé un poco y la envié a Holanda, donde la consideraron buena. Si alguien se tomara la molestia de recoger estas orugas, les daría buena seda y obtendría un gran beneficio ". Se ocupó también de la representación de la naranja amarga o de Sevilla, de la que escribió "crecen muy alto en Surinam, tan alto como el más alto de los manzanos en Europa. Las hojas son de color verde brillante, la flor es blanca y fuertemente perfumada."

La comparación entre el Life Cycle of the Moth [Ciclo de Vida de la polilla] (Fig. 2) –el cual pintó en Europa– y éste, refleja los cambios en su trabajo después de estar en Surinam, en donde atravesó la vegetación de la selva a fin de observar a las especies en su hábitat natural. En su obra anterior, distribuyó uniformemente cada etapa de un especimen a través de la página, como un gráfico, pero en la obra posterior creó una composición mucho más dinámica que proporcionó una narrativa de sus interacciones con la naturaleza conforme se iban transformando de huevo (en la base de la imagen) a oruga hasta la etapa adulta (en la parte superior).

Estas imágenes sirvieron, simultáneamente, como vehículo para la información científica y como diseños artísticos. Los colores resplandecientes de su paleta de acuarela, desde el rojo carmín y el azul prusiano hasta el naranja intenso que se puede ver aquí, hicieron que sus frutos y mariposas brillaran en la página. Su delicada aplicación de la acuarela sobre la superficie rugosa del pergamino (un buen pergamino suele hacerse de la piel de un ternero) emula una textura no muy distinta a la suave pelusa de un durazno. Así como influyó a ilustradores de historia natural que siguieron sus pasos, sus diseños decorativos también inspiraron a los pintores que trabajaban en la fábrica de porcelana de Chelsea en Londres entre otros lugares.  

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Maria Sibylla Merian, Un murciélago con alas extendidas y una araña en una telaraña (1691-1699), de un álbum de 160 dibujos titulados "Merian’s Drawings of European Insects". © Trustees of the British

Este dibujo también fue realizado en Europa, mucho antes de que Merian llegara a Surinam. Representa un murciélago con las alas extendidas, con una araña y su telaraña colgando sobre él. Este es uno de los dibujos que forman parte de los dos enormes álbumes de su obra adquiridos por el British Museum de Londres, y que los patronos estipularon que se mantendrían en exhibición permanentemente, para darles "uso continuo para el entretenimiento de las personas que visitan el museo". Delineado en acuarela sobre pergamino, el dibujo se ha desvanecido considerablemente desde su creación, demostrando que el personal del museo obedeció a los patronos dejando la obra colgada en las galerías a pesar de los daños causados por la exposición a la luz. Por otro lado, confirma que su obra fue realmente apreciada y generó un gran interés entre el público. El rey Jorge III fue uno de los compradores de un conjunto de sus acuarelas, que han permanecido desde entonces en la colección del Palacio de Buckingham.

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Frans Post, Paisaje con capilla, c. 1663. Óleo sobre tela. 43,5 x 58,7 cm

Es probable que Merian conociera los trazos que Frans Post, pintor nacido en Haarlem, Holanda, realizó de las plantaciones de azúcar de propiedad holandesa en el noreste de Brasil medio siglo antes de que ella pintara en Surinam. Post acompañó al conde Johan Maurits de Nassau-Siegen, gobernador de la Compañía de las Antillas Occidentales de Holanda en el noreste de Brasil de 1638 a 1644. Los dibujos que Post realizó in situ proporcionaron la base para sus numerosas pinturas al óleo, incluyendo Landscape with Chapel [Paisaje con capilla], así como para el primer libro ilustrado sobre Brasil (Ámsterdam, 1647). Post trabajaba en la zona de Pernambuco, al sur de Surinam, a donde posteriormente llegó Merian, a lo largo de la costa suramericana. Allí, Post estudió de cerca la vida animal y vegetal característica de la zona e incluyó todo, desde armadillos y capibaras junto con frutos como sandías, cocoteros y piñas, en sus planos.  

Merian compartió con Post cierta conexión con el próspero comercio del azúcar entre los Países Bajos y Suramérica, pues su destino era Paramaribo, la capital de Surinam y terreno de grandes plantaciones azucareras propiedad de los holandeses. Mientras que abordaba el buque Peace en Amsterdam junto con su hija Dorothea, para navegar 5,000 millas al oeste de las Américas, cerca de cuatro mil toneladas de azúcar en bruto eran enviadas hacia el este desde la colonia holandesa de Surinam de vuelta a Holanda por la misma West India Company que había contratado a Post. Merian pudo no haber pintado caña de azúcar y plantaciones como lo hizo Post, pero el comercio entre estas localidades impactó de manera similar su capacidad para viajar a la región, el mercado de su libro sobre el tema y su gusto por la flora y fauna nativa que ilustró.

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Atribuido a Dorothea Graff, Caiman que lucha con una serpiente roja y negra (c. 1701-1705), de un álbum titulado "Merian’s Drawings of Surinam Insects" © Trustees of the British Museum

Se cree que esta acuarela, una de las imágenes más populares en el álbum de Merian, representa a un joven caimán de anteojos, o cocodrilo caimán, una especie que se encuentra en Surinam. La composición obtiene su dinamismo de la lucha del cocodrilo con una serpiente cilíndrica roja. La forma cóncava del cuerpo del cocodrilo sostiene la composición mientras que su hocico y su cola elevados toman los dos extremos de la serpiente enrollada y retorcida. Esta es una visión darwiniana de la ley del más fuerte, mucho antes incluso de que Darwin naciera. Los contornos claros y el estilo dramático de esta composición contrastan con otros dibujos en el álbum, lo que ha llevado a los estudiosos a especular sobre si esto podría ser obra de otra mano, quizás la de su hija Dorothea Graff. Dado que en ese entonces la reproducción y el facsímil eran difíciles de hacer, Merian entrenó a sus asistentes–incluyendo a su hija–para hacer copias y variaciones de sus diseños. Al igual que sus colegas masculinos, como Peter Paul Rubens, Merian tenía asistentes de taller con especialidades particulares, por lo que posiblemente Dorothea Graff haya centrado sus esfuerzos en los reptiles, liberando a su madre para que pudiera dedicar su atención a los insectos.

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Maria Sibylla Merian, Piña y muestra de cinco insectos (c. 1701-1705), de un álbum de 91 dibujos titulados "Merian’s Drawings of Surinam Insects" © Trustees of the British Museum

Un elemento ignorado dentro de las imágenes de Surinam en la obra de Meriam pero que merece atención son los componentes de la fruta, pues revelan el deseo del público de adoptar alimentos extranjeros como parte de su dieta, y el gusto holandés por el exotismo de sus colonias. Su Metamorfosis comienza con dos ilustraciones sucesivas de la piña, una de ellas mostrando la planta entera y la otra un detalle de la fruta rodeada de mariposas, insectos voladores y orugas. Considerada por Merian "la más noble de todas las frutas comestibles", la piña fue valorada como un regalo poco común en la Europa del siglo XVII. Su lugar en la mesa del comedor de un anfitrión, como se representa en el libro de Merian, reflejaba no sólo el encanto por los lugares lejanos, sino también el poder y el estatus de los que podían costearlos. Pictóricamente usaba estrategias de la tradición de la naturaleza muerta holandesa, que yuxtapone la comida con otros objetos exóticos para presentarla como un objeto de deseo. Hoy podemos leer las imágenes de Merian como referentes del colonialismo, el coleccionismo y el consumo. Pero a principios del siglo XVIII sus cuidadas representaciones de la piña sirvieron para expandir el interés por su libro más allá de los naturalistas estudiosos de los insectos, y atraer audiencias hacia la contemplación de los dulces placeres de esta seductora fruta. [3]

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Maria Sibylla Merian, Clavellino con muestra de polilla gris y anaranjada (C. 1701-1705), de un álbum de 91 dibujos titulados "Merian’s Drawings of Surinam Insects" © Trustees of the British Museum

Durante su estancia en Surinam, la población del país incluyó a un gran número de esclavos indios y africanos que trabajaban en las plantaciones de azúcar. Una de las pocas referencias directas que Meriam hizo sobre ellos aparece en el texto que escribió para acompañar Flos Pavonis o Clavelino:

Los indios, a quienes sus amos holandeses maltratan, usan las semillas para abortar a sus hijos, para que no terminen convirtiéndose en esclavos como ellos. Los esclavos negros de Guinea y Angola han exigido que los traten bien, amenazando con negarse a tener hijos. De hecho, a veces deciden terminar con sus propias vidas debido a los tan malos tratos, y porque creen que renacerán libres en su propia tierra. Ellos mismos me lo dijeron. 

Este pasaje es especialmente sorprendente, no sólo porque reconoce las injusticias del colonialismo y la esclavitud, sino también porque sugiere que el uso de una planta medicinal permite a estas mujeres esclavizadas tener algún control sobre sus propios cuerpos. Su representación pictórica de estas flores de color azafrán y de los ricos verdes de la planta poblada por la larva, la oruga y la mariposa, sin embargo, no proporcionan ningún indicio de sus propiedades abortivas.

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Robert H. Schomburgk y Charles Bentley, página de título de "Twelve Views in the Interior of Guiana", 1840. Litografía. 37,5 x 54,6 cm

Al igual que los holandeses y los franceses, los británicos habían colonizado la esquina noreste de América del Sur. Robert Schomburgk (1804-1865) dirigió cuatro expediciones a la Guayana Británica en nombre de la Royal Geographic Society de Londres entre 1835 y 1844. Las conclusiones de sus primeras expediciones se publicaron en un hermoso volumen in-folio titulado Twelve Views of the Interior of Guiana, after sketches taken during the expedition, in 1835 to 1839 [Doce vistas del interior de la Guayana a partir de bocetos tomados durante la expedición, en 1835 a 1839] (Londres, 1841). Como se explica en el prefacio, el dibujante de la expedición, James Morrison, hizo los bocetos bajo la dirección de Schomburgk. Charles Bentley los elaboró ​​de regreso en Londres, y las planchas se produjeron a partir de los bocetos acabados. Esta ilustración de la página de título se lee como un compendio de las preconcepciones del siglo XIX de esta tierra lejana. Dos hombres nativos, escasamente vestidos con lanzas en la mano, flanquean el paisaje en el que las aguas tranquilas del río alcanzan el horizonte en donde se alza una montaña. En primer plano flotan las flores que Schomburgk "descubrió" en la Guayana Británica: una flor que él bautizó la Victoria Regia en honor a la joven Victoria, a punto de ser coronada reina. Así como las imágenes de Merian estimularon el interés de los holandeses por los insectos, los animales y las plantas de Surinam, a mediados del siglo XIX la Victoria Regia se convirtió en una gran atracción en la Gran Exposición de Londres de 1851. A esto le siguió un fervor por los invernaderos para hacer posible el desarrollo de esta y otras especies tropicales de América del Sur en medio de la fría neblina gris de Londres.

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Dorothea Graff o Johanna Herolt a partir de Maria Sibylla Merian, Rama de un árbol de guayaba defoliado con tarántulas, hormigas y arañas (c. 1701-1705), de un álbum de 91 dibujos titulados "Merian’s Drawings of Surinam Insects" © Trustees of the British Museum

Esta acuarela se encuentra entre los posicionamientos visuales más contundentes de Merian. En esta página creó un increíble drama de carácter tropical entre las ramas de un árbol de guayaba sin hojas. En ella muestra una tarántula emergiendo de un nido mientras que otra ha montado a un colibrí colorido, con sus huevos preciosos en otro nido cercano. Las tarántulas–la araña más grande del mundo–utilizan sus ocho patas peludas para capturar a sus víctimas e inyectarles veneno paralizante. Merian dibujó a la tarántula alimentándose de un colibrí y escribió: "Toman a las pequeñas aves de sus nidos y les chupan toda la sangre de su cuerpo". Las hormigas también aparecen aquí, desplazándose a lo largo de la rama del árbol en una formación similar a un puente, comiendo las hojas de guayaba mientras avanzan pues, como observó la artista, "podrían comerse árboles completos, pelones como el palo de una escoba, en una sola noche". Otras especies de araña complementan la composición, sus formas espinosas colgando de las telarañas añadiendo otro toque pavoroso. Los espectadores del siglo XVIII estaban fascinados por las narraciones de Merian sobre el mundo natural como un lugar de combate y crueldad, de la misma manera que disfrutaban las escenas dramáticas de la actividad humana. En la era victoriana, cuando se dudaba de los logros de las mujeres en el arte y la ciencia, Merian fue ridiculizada por sus descubrimientos, incluyendo su insistencia sobre el hecho de que las arañas eran capaces de comer pájaros. Felizmente, sin embargo, la historia ha demostrado que la visión de la naturaleza que presentó en sus notables pinturas es esencialmente correcta. En La Metamorfosis de los Insectos de Surinam (1705) estableció una composición ecológica que combinaba imágenes de insectos con su hábitat y su fuente de alimento. Su legado fue celebrado por muchos, incluyendo Georg Friedrich Handel (1685–1759) que compuso su Concierto Grosso Op. 3, no. 2 Maria Sibylla Merian en su honor.


[1] Las fuentes consultadas para este texto incluyen: J. Harvey, “Introduction: Maria Sibylla Merian, The Surinam Album,” The Metamorphosis of the Insects of Surinam (edición facsimilar, Londres: Folio Society, 2006); Kim Todd, Chrysalis: Maria Sibylla Merian and the Secrets of Metamorphosis (Orlando: Harcourt, 2007)..

 

[2] Maria Sibylla Merian, De Europischen insecten, naauwkeurig onderzot…. (Ámsterdam: J. F. Bernard, 1730).

 

[3] Hannah Blumenthal, “A Taste for Exotica: Maria Sibylla Merian’s Metamorphosis insectorum Surinamensium,” Gastronomica v. 6, no. 4 (Otoño, 2006): 44–52.