Una donación transformadora de arte colonial

Junio 16, 2017

Para celebrar la donación de 119 objetos de la colección colonial de la CPPC a cinco instituciones simultáneamente, invitamos a tres curadores a escribir sobre cómo se relacionarán estas obras con las ya existentes en las colecciones de estos museos. En esta primera entrega, Jorge Rivas, Curador Frederick and Jan Mayer de Arte colonial español del Denver Art Museum, describe cómo esta donación de pinturas, muebles y objetos de la CPPC, en su mayoría de Venezuela, ayudará a completar la importante colección de arte colonial español del museo.

La parte dos, escrita por Rosario Granados, Curadora asociada Carl & Marilynn Thoma de Arte Colonial Español en el Blanton Art Museum, se puede leer aquí. La parte tres, escrita por Dennis Carr, Curador Carolyn and Peter Lynchof de artes decorativas y escultura del Boston Museum of Fine Arts, se puede leer aquí.


La colección de arte colonial español del Denver Art Museum es reconocida como la más importante en su tipo en los Estados Unidos, y en muchas áreas sus fondos son los más completos fuera de sus países de origen. Sin embargo, la representación de obras del Caribe y del norte de Suramérica ha sido bastante exigua. La donación de 25 piezas de la Colección Patricia Phelps de Cisneros al museo –en su mayoría pinturas, muebles y objetos producidos en Venezuela entre 1680 y 1830– llena este importante vacío en la colección y posiciona al Denver Art Museum como uno de los principales repositorios de arte colonial del Caribe español.

Venezuela siempre estuvo vinculada a los circuitos marítimos del Caribe, en especial a las redes comerciales establecidas por navegantes vascos y canarios, pero también a las rutas del contrabando ―a manos de traficantes ingleses, holandeses y franceses― que tanto animaron el intercambio comercial y artístico de esta parte del mundo. Estas complejas redes marítimas propiciaron tanto la emigración de artistas como la circulación de arte, bienes e ideas, los cuales por más de tres siglos inspiraron la creación local. Las élites coloniales venezolanas destinaron parte de su riqueza al patronazgo artístico, por lo general en beneficio de la iglesia católica y sus instituciones asociadas. La selección de piezas destinadas a enriquecer los fondos del Denver Art Museum son muestra de la sofisticación y originalidad de esta producción artística, única de la provincia de Venezuela.

Las 6 pinturas venezolanas de la donación son representativas de lo mejor de la producción local de los siglos XVII y XVIII. En orden cronológico destaca, en primer lugar, una pintura del llamado “Pintor del Tocuyo” (activo 1682–1702) fechada en 1682 que representa a San Miguel Arcángel entre San Francisco Javier y San Francisco de Asís. Poco se conoce sobre la vida de este maestro residente en la ciudad del Tocuyo, al occidente de Venezuela, de quien ni siquiera sabemos su nombre. Sin embargo, su obra está entre las más antiguas que han llegado a nuestros días. 

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Fig. 1. Pintor del Tocuyo, San Miguel Arcángel entre San Francisco Javier y San Francisco de Asís (1682). Óleo y témpera sobre tela. 86.4 x 59.1 cm. Denver Art Museum. Promised gift of Patricia Phelps de Cisneros in honor of Carlos Duarte

Ejecutada hacia 1730 y de una paleta cromática muy restringida, quizás producto de los pocos pigmentos que tenían a disposición los pintores locales, tenemos La Santísima Trinidad de Fernando Álvarez Carneiro, (c.1670–1744). Esta obra es representativa del tipo de pintura que se hacía en Venezuela durante el primer tercio del siglo XVIII. Álvarez Carneiro tuvo un destacado papel en la vida artística caraqueña y entre sus obras más importantes tenemos la serie sobre la vida de San Francisco de Asís que realizó para el convento del mismo nombre en Caracas. 

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Fig. 2. Fernando Álvarez Carneiro, La Santísima Trinidad (1730). Óleo sobre tela. 160.8 x 103.1 cm. Denver Art Museum. Promised gift of Patricia Phelps de Cisneros in honor of Carolina Cisneros Phelps

La donación incluye dos obras de pintores mestizos cuyo trabajo se inspira en la pintura sevillana de fines del siglo XVII: el San José con el Niño en brazos de la primera mitad del Siglo XVIII, atribuida al maestro caraqueño José Lorenzo Zurita (activo 1695–1753), y el San Antonio, obra de Francisco José de Lerma y Villegas (activo 1719–1753). Estas dos pinturas muestran el cruce de influencias artísticas entre España y sus territorios de ultramar así como también manifiestan el rol de los artistas dentro de las complejas dinámicas de raza y estatus en la sociedad colonial.  

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Fig. 3. José Lorenzo Zurita, San José con el Niño en brazos (primera mitad del Siglo XVIII). Óleo sobre tela. 88.6 x 104.1 cm. Denver Art Museum. Promised gift of Patricia Phelps de Cisneros in honor of Archeduchess Maria Beatrice and Count Riprand of Arco
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Fig. 4. Francisco José de Lerma y Villegas, San Antonio (primera mitad del Siglo XVIII). Óleo sobre madera. 46 x 61 cm. Denver Art Museum. Promised gift of Patricia Phelps de Cisneros in honor of Fernando J. Cisneros

La pintura caraqueña se renueva durante la segunda mitad del siglo XVIII y el maestro Juan Pedro López (1724–1787), hijo de inmigrantes canarios, es sin duda la figura más destacada del período. Obra suya es el San Mateo, pintado para el convento de las Monjas Concepciones de Caracas hacia 1770. Para los pintores del siglo XVIII, como López, los trabajos más importantes eran las grandes telas encargadas para embellecer iglesias y conventos, como esta pintura que formaba parte de una serie de los evangelistas.

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Fig. 5. Juan Pedro López, San Mateo (c. 1770). Óleo sobre tela. 138.4 x 95.9 cm. Denver Art Museum. Promised gift of Patricia Phelps de Cisneros in honor of Mateo R. Barnetche

El grupo de pintura venezolana se completa con una pieza caraqueña de fines del siglo XVIII: la Inmaculada Concepción, firmada por el pintor mestizo Antonio José Landaeta (activo 1748–1799). Esta pintura, que puede datarse hacia 1795, es una de las raras obras coloniales venezolanas firmadas y es ejemplo de la excelencia alcanzada por los maestros locales a fines del periodo colonial. 

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Fig. 6. Antonio José Landaeta, Inmaculada Concepción (c. 1795). Óleo sobre tela. 75.6 x 47.6 cm. Denver Art Museum. Promised gift of Patricia Phelps de Cisneros in honor of Frederick and Jan Mayer

Este grupo de piezas venezolanas complementa la colección de pintura del Virreinato de la Nueva Granada y de la Audiencia de Quito del museo, en su gran mayoría provenientes del legado de la familia Stapleton. Al conjunto de pintura venezolana hay que sumar una tela sur andina del siglo XVIII de gran formato que representa al Arcángel Gabriel. Los arcángeles son uno de los temas más representativos de la pintura religiosa andina y esta pieza complementa el núcleo de pintura andina del museo, en su mayoría provenientes del legado de la familia Freyer.

También importante es la colección de 17 muebles los siglos XVIII y principios del XIX de Venezuela, México y el área andina. De especial relevancia son los muebles sacros venezolanos entre los que destacan dos sillones encargados en el siglo XVIII para la Catedral de Caracas que muestran la evolución deste tipo de mobiliario a lo largo del siglo. El primero es la silla menor del solio de la catedral, tallada en 1766 por el ebanista de origen canario Domingo Gutiérrez, (1709–1793) y pintada y dorada por Juan Pedro López.

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Fig. 7. Domingo Gutiérrez, Silla menor del solio de la Catedral de Caracas (1766). Madera de cedro pintada y dorada. 116 x 60 x 49.5 cm. Denver Art Museum. Promised gift of Patricia Phelps de Cisneros in honor of Gustavo A. Cisneros

Se trata de una pieza hecha en conjunto por dos de los más importantes creadores caraqueños de la segunda mitad del siglo XVIII. La segunda pieza es uno de los sillones para el coro de la catedral realizados por el ebanista José Ramón Cardozo en 1797. Esta silla, con influencia de repertorios ingleses, es un típico ejemplo de la adaptación de los ebanistas locales a los cambios de gusto y estilos de la sociedad colonial. 

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Fig. 8. José Ramón Cardozo, Silla del coro de la Catedral de Caracas (1797). Madera de caoba. 135.5 x 79 x 65 cm. Denver Art Museum. Promised gift of Patricia Phelps de Cisneros in honor of Adriana Cisneros de Griffin

Si bien la colección de Denver es bastante completa en ebanistería sacra ―incluye unas extraordinarias rejas cuzqueñas del siglo XVIII en madera tallada y dorada, y un altar mexicano del mismo período― este grupo de sillones llena un vacío importante en los fondos del museo. 

El mobiliario doméstico de la donación de Patricia Phelps de Cisneros a Denver está representado por 15 piezas de la segunda mitad del siglo XVIII y el primer tercio del XIX. Aunque la colección del museo de Denver cuenta con importantes piezas de mobiliario civil peruano y mexicano ―provenientes en su mayoría de las donaciones de la familia Freyer y de la colección de Frederick y Jan Meyer respectivamente― no había en los fondos del museo representación de Venezuela. De la donación destacan un grupo de mesas de centro y de arrimo del último tercio del siglo XVIII que representan muy bien la evolución de estas tipologías de muebles civiles. Son notables también un par de sillas de respaldo alto, llamadas taburetes, de inspiración anglo-holandesa de la segunda mitad del siglo XVIII que completan el grupo de sillas peruanas y mexicanas del mismo estilo en la colección del museo. Dentro de los muebles de gusto rococó destaca un pequeño tabernáculo en madera tallada y dorada también obra del ebanista Domingo Gutiérrez, la pieza fue propiedad de un noble caraqueño, Don José María de Tovar y Tovar (1754–1791), y permaneció en manos de sus descendientes hasta que fue adquirida por Patricia Phelps de Cisneros en 2004. 

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Fig. 9. Domingo Gutiérrez, Tabernáculo (Siglo XVIII). Madera de cedro enyesada, esgrafiada y dorada. Cerrado: 52.2 x 33 x 10.2 cm. Abierto: 52.2 x 41.9 x 10.2 cm. Denver Art Museum. Promised gift of Patricia Phelps de Cisneros

El par de butacas venezolanas del siglo XVIII son sin duda entre las más notables piezas de mobiliario civil que recibirá el museo.

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Fig. 10. Izqueirda: Desconocido, Venezuela, Butaca (Siglo XVIII). Madera de caoba. 115 x 72 x 43 cm. Denver Art Museum. Gift of Patricia Phelps de Cisneros in honor of Jorge Rivas. Derecha: Serafín Antonio Almeida, Butaca (1795–1800). Madera de cedro con marquetería en gateado y carreto. 124.5 x 77 x 80 cm. Denver Art Museum. Gift of Patricia Phelps de Cisneros in honor of Rafael Romero

El ejemplar más antiguo, que puede fecharse en la década de 1760, es excepcionalmente raro dentro de la producción de butacas caraqueñas; sólo se conoce otro ejemplar de mano del mismo ebanista, el cual se conserva en el Museo de Arte Colonial de Caracas. La otra butaca, de estilo neoclásico, es obra del afamado ebanista Serafín Antonio Almeida (1752–1822) y es quizás la más elaborada de las butacas de su autoría. También de gusto neoclásico es la imponente cómoda armario de fines del siglo XVIII de Cumaná. Se trata de una pieza única, hecha en ocasión del matrimonio de Don Domingo Mauricio de Besoitagoena de Berrizbeitia y Zamalloa con Doña María de Los Dolores de Mayz y Márquez de Valenzuela en 1799. Este armario es uno de los escasos muebles manufacturados en Cumaná que se han preservado hasta nuestros días. Del primer cuarto del siglo XIX es una silla hecha por Joseph P. Whiting (1800–1849), un ebanista oriundo de Baltimore que vivió en Caracas entre 1824 y 1845. Esta pieza es un buen ejemplo de la producción a manos de maestros extranjeros radicados en Venezuela a inicios de la república. 

Son también únicos dos baúles que forman parte de la donación. El primero es un baúl encorado, aunque fue adquirido en una vieja colección europea, posiblemente es producción de Huamanga, de principios del siglo XVIII en excepcional estado de conservación. El otro es una pieza mexicana de la Villa Alta de San Ildefonso, Oaxaca, con diseños incisos y embutidos en pasta de zulaque. Esta es la primera pieza con esta técnica en entrar a la colección del museo. 

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Fig. 11. Izquierda: Desconocido, Perú, Baúl (Siglo XVIII). Madera de cedro, cuero policromado e hierro. 62 x 107 x 53 cm. Denver Art Museum. Gift of Patricia Phelps de Cisneros in honor of Natalia Majluf. Derecha: Desconocido, Villa Alta de San Ildefonso, Oaxaca, México (Siglo XVIII). Madera de cedro con dibujos empastados, cerradura en hierro forjado. 49 x 90.1 x 47.8 cm. Denver Art Museum. Gift of Patricia Phelps de Cisneros in honor of Plácido Arango Arias

El grupo de artes decorativas se completa con una singular obra de platería, ejemplo de la sofisticación y virtuosismo de los plateros caraqueños durante el periodo hispánico. Se trata de un pequeño sagrario portátil usado para llevar el viático; la pieza, fechada hacia 1790, es obra del maestro Domingo Tomás Núñez (1735–1801). Durante el periodo colonial el arte de platería floreció en Venezuela gracias al intercambio comercial con México. Las exportaciones del muy afamado cacao venezolano se pagaban con plata mexicana, la materia prima de los artífices locales. Núñez, un platero de raza mixta, fue una de las figuras cimeras en la platería venezolana de fines del siglo XVIII.

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Fig. 12. Domingo Tomás Núñez, Sagrario para llevar el viático (c. 1790). Plata. 16.4 x 15 x 7 cm. Denver Art Museum. Promised gift of Patricia Phelps de Cisneros in honor of Gisela and Carlos Padula

El generoso regalo de la Colección Patricia Phelps de Cisneros sin duda transformará y completará la ya extensa colección de arte del periodo hispánico del Denver Art Museum, y permitirá ofrecer al público una visión integral del arte colonial de las Américas.