Diseños de las Waja: Parte 1

Portal hacia un mundo paralelo en las bandejas Makiritare

Abril 29, 2016

Presentamos la primera de dos partes de la introducción de Charles Brewer-Carías al arte de la cestería YeKuana producida en la región del Amazonas de Venezuela. Los diseños aparentemente abstractos de las cestas son en realidad expresiones de la Watunna, la epopeya de la creación del pueblo makiritare responsable de su confección. 


La cestería del Amazonas venezolano constituye una de las expresiones artísticas más ricas y atractivas de todas las artesanías creadas por las comunidades indígenas suramericanas. Entre todas estas, las cestas circulares y las petacas o cajas tejidas––solo por hombres––de la etnia Makiritare, son las que más se destacan por sus diseños aparentemente abstractos o cinéticos, así como por lo complejo de la urdimbre y la variedad de dibujos con las que son adornadas. Entre ellas, las bandejas circulares llamadas Waja (Guapas) son las que ofrecen los diseños más variados, aunque las que requieren de mayor atención de los artesanos en su tejido y en su preparación, son los estuches o petacas conocidas como Kangwa y Amátu (Pegall en inglés).

Los Makiritare

Para ubicar la etnia y el entorno donde se ha estado desarrollando la técnica de tejido asargado para adornar las cestas, primero hay que tener en cuenta que el nombre “Makiritare” no es una palabra propia de su lengua que pertenece al tronco lingüístico Caribe, sino que es un apelativo de origen Arawak que significa “pueblo del agua” (Barandiarán 1979). Sin embargo,Makiritare’ es el nombre con el cual han sido conocidos estos indígenas por toda la Guayana desde que acompañaron como bogas al padre Manuel Román durante la expedición fluvial que, en 1744, dio a conocer la existencia del caño Casiquiare, la insólita senda acuática que comunica las cuencas del Orinoco y del Amazonas. 

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Área aproximada del territorio Makiritare (Ye’Kuana). Mapa por Rafael Santana
Área aproximada del territorio Makiritare (Ye’Kuana). Mapa por Rafael Santana

Adicionalmente y de acuerdo a nuestra experiencia en la lenguaYekuana (Ye´kwana), estos Makiritare se autodenominan “So’to“ (gente), aunque también se identifican con los nombres Yekuana, Dekuana (los navegantes), Ihuruana (cabecereños) y Kunuhana (del rio Kunukunuma) según sea su acento al hablar y la ubicación de sus poblados en los ríos donde hacen vida: Caura, Ventuari, Padamo y Cunucunuma respectivamente, en el corazón del estado Amazonas. Debido a su movilidad y sus extensas relaciones comerciales, estos indígenas también han sido conocidos en otras partes de Guayana como Mayongong y otros 52 apelativos.

Watunna

Aunque la aparente variedad de motivos con los que se ilustran estas cestas pintadas (Waja tomennato) es enorme, los personajes permitidos para ser representados en el centro de las cestas son limitados debido a que los artesanos Makiritare no elaboran estas bandejas con propósito comercial, sino para transmitir y compartir de manera gráfica los valores que promulgan los personajes míticos que participan en la epopeya cosmogónica llamada Watunna. Esta saga o relato oral de vastas proporciones tiene una riqueza y complejidad tales que, después de haber sido escudriñada, se la considera a la par de los mitos de la creación más singulares que hayan inspirado a la humanidad.

La gran mayoría de los episodios que ahora conocemos del Watunna provienen de la acertada, oportuna y detallada transcripción que realizó el geólogo Marc de Civrieux––más reconocido en la actualidad como etnólogo––de los principales relatos que conforman una infinidad de episodios. De Civirieux  se ocupó desde 1950 y a lo largo de veinte años de transcribirlos, y pudo resumir en 230 páginas los relatos interpretados con mucha formalidad por cantores de prestigio que mantienen esa práctica tradicional desde al menos un centenar de años.

El mono que desató la  noche

La primera intervención del mono Yarákadu ocurre después de que el segundo demodede (avatar o mensajero) de Wanadi (Dios) llamado Nadei’-umádi se encontrara en la tierra. El “otro” Wanadi que es el hijo del Sol, lo había enviado desde Kajuña (el cielo) con el encargo de impedir que la gente se enfermara o muriera por culpa de Odósha (el ser maligno). Aquel emisario de Wanadi también tenía como misión repoblar la tierra y trajo desde Kajuña una esfera grande y hueca, pero dura como una piedra, llamada Húe-hánna, que estaba llena de gente nueva.

Estando en la tierra, el mensajero de Wanadi salió a cazar un día y dejó a su sobrino Yarákadu encargado de cuidar la esfera Húe-hánna, pero debido a su prisa al salir, Wanadi dejó olvidada su Chákara (cartera) donde guardaba tabaco y otras cosas, como la noche que él empleaba para descansar. Odósha se dio cuenta de este olvido y desde lejos se puso a soñar para decirle a Yarákadu que abriera la Chákara y viera qué otras cosas además del tabaco, guardaba allí su tío con tanto celo.

Yarákadu oyó en su sueño aquella orden de Odósha y abrió entonces la Chákara provocando un gran desastre para la humanidad, porque la noche brotó de golpe y se desató la oscuridad en la tierra, dejando a toda la gente en manos de Odósha y sus Odoshankómo, quienes sí podían ver en la oscuridad. Debido al comportamiento de Yarákadu este fue castigado por Wanadi y desde entonces sus descendientes son ahora sólo unos monos curiosos. En las Waja, el diseño de Yarákadu siempre va acompañado por unas Sidícha (estrellas) que se colocan frente al pecho del mono, así como una hilera sobre el lomo para recordarle a los que vean esta Waja cómo apareció la noche y los espíritus malignos se adueñaron de la tierra.

Kuchi

Este personaje mítico es un hombre que se transforma a voluntad en un animal de cola prensil y garras, conocido en Venezuela como Cuchi-cuchi (Potos flavus) pero que no es un verdadero mono. Fue él quien tomó la decisión de trepar hasta el cielo (Kahuña) donde sabía que había una siembra de Yuca con la que antes se preparaba el casabe que le enviaban a la gente para que comiera. 

Pero como no enviaron más casabe desde Kahuña y en la tierra no había árboles porque Atta-wanadi (el tercer damodede de Dios) estaba escondiéndose de Odosha, la gente solo comía arcilla de kaolín llamada Madi.

La leyenda Watunna narra de forma extensa las peripecias y los peligros que debió afrontar Kuchi para robarse un pedacito de yuca y bajarla a la tierra. Escondiendo una astilla de la raíz debajo de su uña, Kuchi pasó la noche sentado, fumando, y pensando dónde debía sembrar la primera estaca de yuca, hasta que se decidió y la puso en el Dodoima hidi (Cerro Roraima) donde retoñó con pocas hojas. 

Como resultó que ese lugar estaba muy lejos para la gente del río Cunucunuma y los otros sitios en donde vivían los Makiritare, éstos decidieron enviar a un emisario para buscar un retoño y en el camino de regreso lo sembraron donde ahora está el Cerro Auyantepui y alrededores. Pero las estacas no retoñaron bien hasta que las sembraron en una tierra negra más cercana, que es donde se encuentra ahora el Cerro Marahuáka (Mará-huaká) y donde la estaca se desarrolló como el árbol gigantesco que producía todos los frutos y raíces conocidas.


Glosario

Chákara: Cartera

Demodede: Avatar o mesajero

Húe-hánna: Una esfera grande

Kajuña: El cielo

Madi: Arcilla de kaolín

Odoshankómo: Gente de Odósha

Sidícha: Estrellas

So’to: Gente

Waja: Guapas

Wanadi: Dios


Bibliografía

Barandiarán, Daniel de. 1979. Introducción a la cosmovisión de los indios Ye'kuana-Makiritare. Universidad Católica Andrés Bello. Caracas

Civrieux, Marc de. 1970. Watunna, Mitología Makiritare. Monte Avila Editores. 236 p. Caracas

Guss, David M. 1994. Tejer y Cantar. Monte Avila Editores. 260p. Caracas

Hames Raymond B. and Ilene L. Hames. 1976. Antropológica No 44 p.3-58,  Fundación La Salle. Caracas

Roth, Walter E. 1924. An Introductory Study of the Arts, Crafts and Customs of the Guiana Indians. Bureau of American Ethnology (1916-17) USA. Washington, D.C., Smithonian Institution