¿Boicot o diálogo? Falsas opciones

Mayo 6, 2015

Pensar en entablar un diálogo con las autoridades cubanas es optimista e ingenuo. ¿Cómo establecer un canal de comunicación con un gobierno que, de forma directa e indirecta, ha censurado a artistas por más de treinta años?

Cuando trabajé en un artículo para The Art Newspaper sobre la censura y autocensura de artistas en el contexto de la Bienal de La Habana, no logré que su director o sus curadores hablaran conmigo. Después de no obtener respuesta a mis correos y llamadas, fui a Cuba a entrevistar a Tania Bruguera y a otros artistas. Me presenté en el Centro Wilfredo Lam de La Habana solo para rebotar de una oficina a otra: nadie habló conmigo, con el pretexto de que “estaban muy ocupados”. Es entendible que el equipo de curaduría de la Bienal evada meterse en problemas al abordar un tema riesgoso que, en este momento, quizás no sea prioridad para ellos. Un buen número de curadores, artistas y coleccionistas se hacen de la vista gorda, y cualquier autoridad por encima del LAM es siempre un miembro del partido oficial que no se tentará el corazón para defender sus tácticas en el nombre de “la Revolución”.

La amenaza de un boicot podría abrir el diálogo, pero no han aparecido iniciativas concretas para que esto ocurra. Las peticiones en Twitter y Facebook han resultado insuficientes. Las medias tintas no funcionan. El boicot tendría que ser una respuesta real y poderosa a la situación de artistas como Tania Bruguera. Los patronos del Met y el MoMa deberían dejar de visitar los estudios de La Habana, y los artistas de renombre –Anish Kapoor, Daniel Buren, Tino Seghal- deberían rehusarse a exhibir su obra allá. Se necesita desacreditar al evento y su supuesta descentralización, colaboración e inclusión social. Hay que disipar la idea romántica de que la Bienal actual sigue siendo parte de “un sitio histórico de resistencia”. En una entrevista, Gerardo Mosquera de The Art Newspaper, me dijo: “La Bienal logró su misión histórica, pero no pudo renovarse porque estaba atada al destino del país”.

La única auténtica alternativa es hacer acto de presencia y brindar un apoyo crítico, a sabiendas de que la Bienal no puede transformarse desde afuera y mucho menos si las condiciones en Cuba no cambian. A pesar de su vibrante cultura, los artistas cubanos entienden los límites de su libertad y su capacidad para disentir. Por supuesto que no han podido apoyar a Bruguera abiertamente: no les queda más alternativa que aceptar el status quo y negarse a boicotear el evento artístico más importante en su calendario. Dejar de pertenecer a su gremio o pasar por problemas económicos son riesgos muy altos. Todo esto es inaceptable, pero solo se puede cambiar desde adentro.