¿Invención creativa de cara a la adversidad?

Enero 27, 2016

La abundancia financiera puede construir una gran industria cultural, sin embargo los mercados financieros hambrientos de productos artísticos rara vez producen buen arte. La realidad es que normalmente ocurre lo contrario. A veces los artistas con una visión más clara prosperan, mientras sus recursos financieros, materiales y apoyo institucional incrementan. Pero el gran arte se produce a menudo durante tiempos adversos, ya sean personales, financieros, materiales, psicológicos o culturales. Especialmente en Brasil, la capacidad para encontrar recursos, para buscar creativamente rutas ingeniosas que satisfagan necesidades prácticas de cara a lo que de otro modo podría parecer insignificante, constituye una especie de ethos nacional. Esto es una realidad del ciudadano común- cómo arreglan los escusados, hacen hogar o se mantienen a sí mismos- y no es menos cierto en el caso de los artistas.

La historia del arte en Brasil en el periodo de posguerra es una de invención de cara a la escasez. Incluso en las últimas décadas, mientras que el mercado del arte ha echado importantes raíces y muchos artistas han prosperado, el ingenio predominante en su sensibilidad ha moldeado la forma, materialidad, agudeza y sentido del juego en su producción. La complejidad de contenido, forma, tono y emoción se ha definido y fortalecido en carácter y textura debido a la resistencia individual y cultural que, sin duda, ha sido moldeada por la historia de Brasil. Esa historia- la de la dictadura, represión, corrupción y el florecimiento de la voluntad a resistir, contrarrestar, escapar y remodelar- ha proporcionado un terreno especialmente fértil para la expresión creativa en las artes visuales, así como en la música, la literatura y el teatro. Hay tantos artistas fascinantes, vitales en Brasil como en la mayoría de los principales centros de arte del mundo.

Frecuentemente, como hemos visto en los últimos años en los Estados Unidos, la bonanza del mercado tiende a excluir a voces esenciales, mientras fomenta la producción profesional –calidad sin sustancia.  Así que en Brasil, con su ingenio y resistencia, ¿por qué una recesión económica afectaría a la cultura? De hecho, en el ámbito de la producción artística, podría incluso inspirar una nueva edad de oro.

En este sentido el arte en no ha existido la misma historia de apoyo institucional, público o privado, como en Estados Unidos y Europa. El apoyo al arte contemporáneo ha sido irregular e inconsistente, aún en tiempos de abundancia. Dicho esto, en estos días económicamente aleccionadores, la asistencia a museos no se ha reducido sino que está en aumento. De hecho, MASP en São Paulo está renaciendo como una figura cultural importante, con un gran incremento del apoyo por parte del sector privado. Inhotim continúa añadiendo nuevas obras permanentes importantes a sus espacios, y su público sigue creciendo sustancialmente – ¡más de 8 mil visitantes en un buen fin de semana!

Dada la recesión económica, el desafío más grande en Brasil está en el ámbito del financiamiento. La mayoría de las organizaciones culturales, desde las instituciones de artes visuales a orquestas sinfónicas, compañías de danza y más, dependen en gran medida de donaciones corporativas. A pesar de las prácticas de importación y leyes fiscales -por ejemplo, la importación de arte se factura a tasas de casi el 70% del valor (y estos honorarios paralizantes no se eximen para museos sin fines de lucro con un rol público y educativo)- las corporaciones pueden destinar  una cierta cantidad de sus impuestos anuales para el apoyo a organizaciones culturales. Mientras las ganancias corporativas se reducen, también las donaciones. Y para aquellas compañías que continúan siendo financieramente saludables (por ejemplo, los bancos son algunos de los patrocinadores más generosos de las artes), sus donaciones están siendo repartidas más ampliamente, lo que disminuye las contribuciones en general.

Las galerías comerciales tienen un reto enorme. De la generación de nuevos ricos que estaban empezando a coleccionar arte, muchos han sido ahuyentados. Pero, incluso antes de que la economía comenzara a declinar, algunos coleccionistas de largo aliento, disuadidos por los derechos de importación prohibitivos, estaban comprando menos arte a nivel internacional o en algunos casos dejaron de importarlo. Al mismo tiempo, los comerciantes de arte, tan sagaces como los artistas a los que sirven, están empezando a dar mayor importancia a su presencia internacional, especialmente en relación a las ferias de arte.

En medio de todo esto, el importante arte brasileño de las décadas de 1950 y 1960 se está integrando al canon internacional del arte de los últimos setenta años, como evidencia la atención que museos y coleccionistas le han prestado, y aun estamos al comienzo de esta reconsideración. Artistas brasileños contemporáneos tan diversos como Cildo Meireles, Tunga, Beatriz Milhazes, Adriana Varejao, Rivane Neuenschwander (¡tantas grandes artistas mujeres en Brasil!) y muchos más, se exhiben en los principales museos, galerías y bienales, e ingresan a importantes colecciones públicas y privadas alrededor del mundo. Extensas y magníficas retrospectivas de Mira Schendel y Cildo Meireles, recientemente presentadas en la Tate, y de Lygia Clark en MOMA, son signos de una creciente revaluación global de la historia reciente del arte.

Con la devaluación del real, Brasil es barato de nuevo y eso, inevitablemente, aumentará las visitas internacionales, lo que a su vez aumentará la interacción con la cultura brasileña. No busco subestimar las dificultades con las que individuos, empresas e instituciones inevitablemente se enfrentarán. Pero como Brasil nos ha enseñado una y otra vez, si bien habrá desafíos y probablemente algunas bajas, la creatividad sobrevivirá y prosperará. La capacidad de resistencia se encuentra en el paisaje de Brasil y en su ADN cultural.