Aprender a educar(nos)

Noviembre 3, 2014

En el campo del arte contemporáneo, el foco en la educación ha sido la nueva tendencia desde hace un tiempo, un acercamiento vinculado a la inquietud bien intencionada que impregna nuestra continua re-conceptualización de la relación entre el arte y la vida, el arte y la acción social. Creer en el valor formativo y transformador del arte es parte central del multifacético ‘giro educativo’[1]  en el arte contemporáneo de las últimas décadas: desde la apropiación que los artistas han hecho de las teorías, metodologías y formatos pedagógicos, a los continuos esfuerzos por reformar la currícula de la educación artística en todos los niveles del sistema educativo y los llamados a  la “infiltración” del arte en otros campos y disciplinas del conocimiento.

El debate en torno al arte y la educación también resulta clave para una discusión más amplia sobre el propósito, el valor y la estima social del arte, debate que con frecuencia apunta a la necesidad de reivindicar la pertinencia de la existencia continuada de fondos públicos y privados para modelos de práctica de difícil acogida en el mercado. Esta externalidad (o instrumentalización) del arte es un caballo de batalla recurrente en las luchas por la orientación de la política cultural. Resulta una extraña compañera de viaje de visiones libertarias y utópicas que conciben el arte como la perfecta encarnación del aprendizaje emancipador.

El cambio de la palabra educación por aprendizaje como término clave en nuestras conversaciones y en el discurso institucional no debe pasar desapercibido. El uso del término aprendizaje podría constituir la señal de una mejor comprensión y valorización del complejo flujo de información, conocimiento y afecto que existe entre personas, cosas y lugares, y que se considera necesario para construir sentido y transformar nuestro mundo. La educación, por el contrario, parecería evocar vectores unidireccionales, como la autoridad del maestro, la pasividad del alumno y las arraigadas jerarquías de epistemologías y campos disciplinarios.

La continua apropiación capitalista de las prácticas y lenguajes progresivos debería por lo menos enseñarnos a estar atentos a los cambios en las elecciones de los términos que describen nuestras intenciones.[2] Educación fue una palabra importante para nuestros antecesores; quizás deberíamos detenernos a recordar las tradiciones políticas que comprendieron claramente que la educación (autoaprendizaje, educación entre pares) nunca fue un fin en sí mismo, y carece de valor si no iba acompañada de organización y agitación.[3] Esta convicción continúa guiando mi quehacer como artista y como educadora.

 

[1] Rogoff, I. (Noviembre 2008)Turning. e-flux journal #0. http://www.e-flux.com/journal/view/18. Accessed: 25/09/2014
Beech, D., Gillick, L., O’Neill, P., Philips, A., Pierce, S., Wilson, M., org. (2008) Salon Discussion: You Talkin’ to me? Why is art turning to education. London: Institute of Contemporary Art 14 Julio 2008.
Podesva, K.L. (Summer 2007) A Pedagogical Turn: Brief Notes on Education as Art. Vancouver: Fillip 6, Projectile Publishing Society   http://fillip.ca/content/a-pedagogical-turn. Accessed: 25/09/2014

[2] Guillermo Gómez Peña, G & Mendieta, E (2001) Un filósofo latinoamericano entrevista a un artista chicano de performance. Nepantla: Views from the South, Duke University Press.

[3] “Edúquense porque necesitaremos toda su inteligencia. Agítense porque necesitaremos todo su entusiasmo. Organícense porque necesitaremos toda su fuerza”. Slogan del periódico italiano L’Ordine Nuovo, organizado por Antonio Gramsci.