Arte: Cambiando sistemas

Noviembre 3, 2014

Cuando hablo con artistas más jóvenes, casi siempre les menciono que yo no estudié arte (aunque desde mi infancia supe que sería artista) porque era un arrogante, como sigo siendo. A los 17 años decidí que las escuelas de arte eran peor que malas, y decidí estudiar pedagogía por una intención aún más descabellada: cambiar la educación artística. Transformar la educación, ni más ni menos.

Afortunadamente, tuve los mejores profesores en la universidad y pude tomar cursos optativos de los programas de filosofía, historia, literatura, periodismo y geografía en mi querida Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Haber estudiado teoría de la educación, sobre todo teoría curricular, sumergiéndome por completo en todo tipo de modelos libertarios, utópicos, activos, constructivistas, reconceptualistas, post estructuralistas y rizomáticos, incluyendo muchas discusiones barrocas sobre Ilich, Freire, y todos sus contradictorios acólitos, me llevó a una triste conclusión. Entendí, sobre todo, que son las instituciones las que no han funcionado, que solamente en espacios muy pequeños las cosas podrían realmente cambiar, siguiendo (o no) todas esas ideas e intenciones de pensadores y pedagogos e improvisando de acuerdo a cada situación específica.

Como ere caricaturista y estaba postulando para una beca en investigación curricular en el Centro de Estudios Sobre la Universidad me costó mucho trabajo encontrar un tema para mi tesis. Finalmente decidí optar por un camino fácil para titularme lo antes posible y reuní todo el material que encontré sobre el proyecto educativo de Joseph Beuys, la Free International University, no necesariamente porque me gustara el tipo—bueno, algunas de sus esculturas, sí. Les pedí a mis amigos que me ayudaran a traducir todo, porque en ese entonces, en 1991, no había casi nada de o sobre Beuys en español. Mis intentos casi criminales por traducir me llevaron a inventar una versión o percepción de lo que entendía, y presenté un cuaderno que vinculaba a Beuys con la teoría sólida y verdadera sobre el trabajo interdisciplinario y por qué era necesario, lo que me llevó a profundizar en ecología y aún más en epistemología.  

Paradójicamente, una vez cumplidas las formalidades, empecé a dar clases en las dos escuelas de arte de mi ciudad sólo para comprobar su forma defectuosa, y quizás contribuir en algo a ellas. En una de las escuelas me pidieron proponer un programa y currículum nuevos, pero sólo fue un movimiento político del director para ser reelecto así que la estructura siguió siendo la misma, basada en la enseñanza de las habilidades técnicas tradicionales y agregando parches que con el tiempo se volvieron contradictorios en términos de evaluación. Un alumno podía escoger entre una clase de vaciado de bronce, modelado en arcilla, tallado en piedra, grabado e impresión, o algo llamado ‘arte cinético’, ya que era una técnica. Yo daba una clase de historia del arte y un seminario de investigación a alumnos mayores que ya se acercaban a su propio momento de inestabilidad mientras enfrentaban el proceso burocrático de convertirse en licenciados en Artes Visuales.

Tiempo después, en la otra escuela, participé en varias reuniones ‘académicas’ con el supuesto propósito de elevar el nivel curricular, pero todo se basaba en estadísticas y su impacto en las calificaciones de la escuela, evaluadas por la institución en términos del número de alumnos que conseguían trabajo y cosas por el estilo. La palabra era eficiencia, y después de cinco años de trabajo absolutamente ineficiente me salí, feliz de haber formado una gran amistad con mis alumnos que ahora eran mis cómplices. Durante esas reuniones, yo siempre mencionaba la palabra ‘ideología’ y era como si invocara a Satanás, mientras unos discutían sobre teorías y posturas relativistas, otros sobre semiótica, otros sobre estética; éstos eran los que a mí me gustaban.

Sin ánimo de idealizar a mis alumnos—algunos de los cuales eran conflictivos o producían cosas que sólo aparentaban ser arte sin ser todavía capaces de generar conocimiento o lenguaje—ellos, y lo que de ellos aprendí, fueron siempre la mejor parte de enseñar.