"Baby Don't You Do It"

Junio 13, 2016

Construir o no construir, como diría Hamlet, es la pregunta que enfrenta una nueva generación de coleccionistas de arte cuando piensan qué hacer con sus adquisiciones. Muchos en este grupo son relativamente jóvenes, y han amasado considerables fortunas y propiedades significativas.

Algunos de los más grandes museos de América del Norte son resultado de colecciones privadas que se han convertido en instituciones públicas: pensemos en la Frick y la Morgan Library en Nueva York o la Gardiner en Boston. Pero estas son excepciones pues los museos más importantes del mundo por lo general surgen de generosas donaciones de coleccionistas profundamente filantrópicos, como los Rockefeller o los Havermeyers, quienes deciden apoyar a instituciones ya existentes en lugar de construir la suya.

Para aquellos coleccionistas que consideran la construcción de sus propios museos, el placer de perpetuar su nombre o beneficiarse de reducciones fiscales son sin duda una motivación. Sin embargo lo más importante es considerar el grado en que un museo privado de un solo dueño permite una relación más profunda y más participativa con su colección. Algunos, como la Fundación Barnes en Philadelphia, se basan en un programa de instalación muy específico imposible de realizar en otra parte; otros, como el Frick o la Biblioteca Morgan, ofrecen un oasis de contemplación íntima que sería difícil de lograr en un museo más grande. Muchos, sin embargo, terminan sin querer aislando sus obras de la conversación más rica y matizada, dentro del marco de la historia del arte, que se produce en museos que abarcan varias colecciones y perspectivas, como lo son el Metropolitan Museum of Art de la ciudad de Nueva York o la National Gallery of Art de Londres.

Lo que frecuentemente se ignora al considerar la creación del museo propio es el costo de sostenerlo en el largo plazo. El costo inicial de la construcción de un edificio es finito, pero su mantenimiento es permanente y casi siempre mucho más grande de lo esperado. La Fundación Barnes estuvo cerca de quebrar en la década de 1990 cuando la donación inicial fue insuficiente para satisfacer las necesidades de ese momento, y muchos museos de una sola colección luchan para reunir los recursos suficientes años después de que sus fundadores ya no están vivos.

Además de las exigencias que implica el mantenimiento de las instalaciones, financiar la programación––que fuera del valor intrínseco de la obras mismas, es lo que hace en última instancia hace que una colección sea importante––presenta un desafío para la mayoría de las colecciones privadas. Programar una colección inteligente y creativamente––para darle así su mejor uso––requiere de un equipo de curadores y educadores de gran talento. Y para mantener la programación y el personal de generación en generación se requieren directores igualmente talentosos y una junta de administración capaz de discernir la diferencia entre bueno y excelente, y entre excelente y excepcional.

Aunque el funcionamiento de un museo puede parecer fácil en sus inicios, conforme pasan los años se vuelve cada vez más difícil. Las instituciones más grandes¾independientemente de cómo se financian¾tienen por lo general mayores recursos a su disposición y están mejor organizadas en el largo plazo. Quizás esto no es una preocupación inmediata al considerar establecer un museo propio, pero debería serlo. En última instancia una colección permanente es una responsabilidad y un legado, y eso significa que tiene que ser pensado en términos del futuro: las decisiones en el presente tendrán un profundo impacto en las décadas y siglos por venir.

Así que para cualquiera que esté considerando la construcción de su propio museo, vale la pena recordar las palabras de Marvin Gaye:

Baby don’t you do it, don’t do it. Don’t you break my heart. Please don’t do it.”

O como decía mi suegro para cualquiera que escuchara:

"El tiempo que se usa indagando rara vez se desperdicia."

 

 

"Baby Do not You Do It" es un sencillo de 1964 del cantante estadounidense Marvin Gaye.