Conceptualismo no es abstracción: El derecho a cambiar de opinión

Mayo 18, 2014

La pregunta de Gabriel no sólo sugiere que la abstracción geométrica ha reemplazado al muralismo mexicano como la imagen dominante del arte latinoamericano, sino también que el conceptualismo es su obvia extensión y contraparte. Es cierto que en los últimos años, artistas abstractos -sobre todo Lygia Clark, Hélio Oiticica, Mira Schendel, León Ferrari, Carlos Cruz-Diez y Gego- han dominado las exposiciones de la mayoría de las instituciones “canónicas” de los Estados Unidos y Europa occidental. Y en efecto, las trayectorias de artistas como Clark, Oiticica o Ferrari podrían provocar la búsqueda de una genealogía orgánica de prácticas conceptuales en la abstracción. 

Sin embargo, en lugar de morder el anzuelo, quisiera señalar que Gabriel plantea una pregunta capciosa, exigiendo una respuesta clara de sí o no, para afirmar o rechazar la substitución de una categoría canónica por otra. Contrario a una respuesta tan totalizadora, sugiero que no debemos ver a la abstracción geométrica ni al conceptualismo como conceptos monolíticos y estables, ni siquiera como constelaciones. La promoción de la abstracción no es el problema en sí. Lo problemático es la promoción de la abstracción exclusivamente como “progresiva, evolutiva, y optimista”. No soy la primera en abogar por destapar la mutabilidad y las tensiones inherentes al paradigma abstracto, independientemente de, o tal vez precisamente por, las similitudes formalistas y morfológicas de sus numerosas iteraciones. 

Igualmente, los cambios en las prácticas individuales de por ejemplo, Oiticica, no deberían obligarnos a verlos dentro de los límites interpretativos de las metáforas orgánicas que identifican las semillas del conceptualismo en la geometría abstracta. Quisiera recuperar el derecho del artista a cambiar de opinión. Actualmente, un número de investigadores han contribuido a esquematizar genealogías diversas dentro de múltiples conceptualismos. Un ejemplo es el “arte mediático” teorizado por Oscar Masotta en Argentina durante los 1960, basado en su reflexión astuta sobre la cultura popular y los medios de comunicación masivos. Está en juego la revelación de los significados siempre contingentes y específicos de la abstracción y el conceptualismo, articulados desde los contextos socio-políticos de la “Latinoamérica” del siglo veinte. 

Claramente, formulo mis propuestas como historiadora y crítica, cuyo método trazan las divergencias de proyectos que aparentan ser similares. El verdadero reto le toca a mis colegas curadores: ¿cómo explican ellos la diferencia casi imperceptible en los espacios de exhibición?