Consejo desde el pasado

Septiembre 29, 2015

“Arte es un bella, gran palabra. Con la palabra libertad comparte la tarea de servir como excusa para muchos crímenes.”

                          –John Cotton Dana (1906)

Leí esta cita en la rúbrica del correo electrónico de un colega. Aunque rara vez le presto atención a ese tipo de detalles, la cita me hizo meditar sobre el significado de esas palabras por varios momentos. ¿Quién era la persona detrás de tan provocadora declaración? Una búsqueda rápida en línea reveló que John Cotton Dana se graduó de Derecho por la Universidad de Dartmouth en 1878. Tras mudarse a Colorado, fue nombrado primer bibliotecario de Denver y poco después cumplió el cargo de director de la Biblioteca Pública de Denver. Dana quería que las bibliotecas implementaran un sistema de búsqueda abierta para que los clientes pudieran hallar libros por su cuenta, sin la ayuda de los bibliotecarios. Imaginaba a las bibliotecas como espacios activos para el público general y, aun más importante, creía que las instituciones culturales debían ser relevantes para la comunidad y la vida diaria de los ciudadanos más que para una clientela limitada.[1]

La idea que Dana tenía de las bibliotecas en los albores del siglo XX era reveladora y adelantada a su tiempo. Muchos de los temas que toca son los mismos a los que varios museos se enfrentan más de un siglo después. ¿Quién es nuestra audiencia? ¿Quién determina qué es arte en el siglo XXI? Con tal cantidad de contenido visual disponible en nuestros dedos, ¿los museos siguen siendo relevantes? Una curadora como yo, ¿sigue siendo necesaria en una era en la que simplemente juntar un grupo de objetos recibe la etiqueta “curado por…”? Batallo con estas preguntas constantemente. Sin embargo, al leer sobre este bibliotecario radical, de antaño, recuerdo por qué estas preguntas son importantes. Creo apasionadamente en los museos y las instituciones culturales como espacios públicos donde los visitantes pueden descubrir algo –un objeto o una idea– que satisfaga o provoque su curiosidad. Este ideal se alinea con el propio pensamiento progresista de Dana: resistir el impulso de sucumbir a la noción de los museos o archivos existiendo como cementerios culturales. No obstante, probablemente sucumbamos a este destino si nos negamos a abordar las necesidades o el interés de nuestro público.

Es interesante que una persona con formación jurídica haya fomentado la idea de las instituciones culturales como ambientes flexibles y accesibles para el público. La ley facilita nuestros movimientos y rituales diarios. Sin embargo, como sugiere la cita de Dana, el arte es una de esas pocas cosas que puede (y debe) empujar los límites de las leyes o las normas. Es fácil volvernos complacientes cuando nos cobija la ley, y muchas veces son los propios artistas quienes llaman la atención o confrontan sus fallas. Este diálogo es crucial sin importar si concordamos o no con en el resultado. Como tal, los profesionales deben estar al tanto, así como participar en estos debates entre voces divergentes y públicos diversos, un sentimiento que está en el centro de las ideas de Dana.

 

 


[1] “John Cotton Dana.” Wikipedia: The Free Encyclopedia. Wikimedia Foundation Inc. 8 de mayo de 2015. Web. 7 de septiembre de 2015. <https://en.wikipedia.org/wiki/John_Cotton_Dana>