El ITAE, un hecho aprendible

Noviembre 3, 2014

Se ha discutido bastante sobre las mil y un maneras de enseñar y aprender el arte. En el ámbito de la pedagogía artística se vive y edifica este tópico como un problema rutinario. Para muchos, el arte no es un hecho aprendible. Hay suficientes indicios para desconfiar, como lo hace Camnitzer, de lo que se enseña en las escuelas de arte. Nunca termina de mojarse la pólvora que rodea a los modelos y a las doctrinas que subyacen en los sistemas de enseñanza artística. Dentro de la educación superior, la disfuncionalidad parece ser mucho más crónica, más previsible.

En Guayaquil, Ecuador, un grupo de artistas hemos tenido en los últimos 10 años una experiencia diferente. Liderados por Xavier Patiño, ex miembro de La Artefactoría[1], nos propusimos fundar una escuela en un sitio donde no la había. Lanzarse en semejante empresa, en una ciudad de casi 3 millones de habitantes, resultó ser una lindísima oportunidad. Creamos el Instituto Superior Tecnológico de Artes del Ecuador (ITAE) y, desde sus tesis fundadoras, la institución apostó por la formación de artistas sólidos y eficaces que desmantelaran, a golpe de obra e investigación, los imaginarios asentados en el mundo del arte sobre las atrofias de lenguaje y expresión que generan las estructuras curriculares de las facultades de artes.

El influjo de los procesos formativos del Instituto en el medio artístico ha sido decisivo en los nuevos derroteros de las artes visuales en la ciudad. La generación de artistas que ha emergido del ITAE constituye un hecho relevante para la cultura nacional. La institución se ha consolidado como un espacio de quiebre, catalizador de procesos reflexivos en torno al arte y la cultura, así como en un foco de producción e investigación artística. El Instituto se ha convertido también en un espacio aglutinador de las ricas tradiciones locales con los postulados más renovadores y prolíferos de la cultura contemporánea.

El diálogo que el ITAE entabla entre tradición y contemporaneidad se manifiesta en la estructura curricular de sus carreras (Artes Visuales, Teatro y Producción de Sonido y Música) y en la manera en que el alumno, desde una concepción crítica, se compenetra con las disciplinas y las prácticas tradicionales que le dan cuerpo al arte. Aunque Kosuth concibe –acertadamente –al arte como una actividad ajena a la mezcla de colores y a la manipulación de materiales o elementos plásticos, la malla curricular del ITAE pone un acento especial también en esos saberes. La aparente convencionalidad de la propuesta formativa del Instituto se potencia y se convierte en fortaleza en la medida en que los estudiantes socavan y dinamitan los sustancialismos que esas disciplinas esconden.

El peligro de una propuesta curricular como la del ITAE radica en que se estacionen, alrededor de los saberes disciplinares, los juicios esencialistas del arte que abogan por el purismo, las competencias vacuas y el buen hacer. Del mismo modo en que hoy los valores de las academias clásicas y modernas parecen haberse mimetizado, la enseñanza del arte ha integrado en un mismo punto de cocción las estéticas formalistas, clásicas y expresivas. Lo importante, y ahí radica la efectividad del Modelo Pedagógico del ITAE, está en la capacidad de los estudiantes para convertir en valor de uso las diversas genealogías estéticas, y que estas se plieguen a los propósitos de sus investigaciones artísticas. Para ello, es imprescindible el entendimiento del arte como constructo cultural, así como poseer una plataforma teórica y crítica que le permitan manejar con solvencia –tanto en las técnicas como en las ideologías que lo conforman –los distintos lenguajes aprendidos.

Si bien el Modelo Pedagógico del ITAE se afilia a la mentalidad que han aportado artistas como Joseph Beuys en cuanto al desprendimiento de cualquier veneración de la forma pura y de la expresión individual moderna, hay que considerar como elemento significativo la cautela que su propuesta curricular asume con relación a las orientaciones de las novísimas academias contemporáneas.

Con la naturalización de las prácticas conceptuales en el mundo del arte y la acelerada pérdida de los límites entre las disciplinas artísticas que acompañan al arte contemporáneo, ciertos criterios pedagógicos han abogado por el desmantelamiento absoluto de los saberes disciplinares. La separación del acontecimiento de la obra de su parte física y el entendimiento del arte como una acción para producir significados se ha convertido en una orientación estética más. Las poéticas que nacen del asentamiento y la plena integración al sistema del arte de las estéticas conceptuales y de las prácticas más radicales del arte contemporáneo, se han codificado también hoy como lenguajes académicos mayúsculos que gravitan en las instituciones de enseñanza artística.

Frente a este panorama, el ITAE incita permanentemente a los estudiantes a labrar su producción artística a partir de nuevas preguntas sobre el lenguaje y la naturaleza del arte, pero lo hace desde una sólida formación disciplinar, edificando primero en el alumno un esquema de pensamiento que acopie los recursos, los protocolos y las herramientas claves del arte, para desde ahí y solo desde ahí, cuestionar las estructuras disciplinarias e implementar los enfoques interdisciplinarios necesarios, transdisciplinarios y transculturales que el conocimiento hoy demanda.

El ITAE se ha posicionado como una institución de alto desempeño dentro del escenario de la educación superior ecuatoriana. La calidad de sus procesos investigativos, formativos y de vinculación con la comunidad dan cuenta de ello. Frente a la pregunta de si es posible enseñar el arte... ¡no nos queda más que una respuesta!

Saidel Brito
Centro Cívico, 26 de septiembre de 2014

 

[1] La Artefactoría fue  un colectivo artístico que aparece en 1982 en la ciudad de Guayaquil. Se les considera pioneros del arte contemporáneo en el Ecuador. El grupo se disuelve en 1989 con la exposición  Caníbal realizada en el Museo Municipal de Guayaquil.