Hay mundos

Noviembre 17, 2020

Hay mundos dentro de unos mundos y mundos fuera de otros mundos
Hay mundos dentro de unos mundos y mundos fuera de otros mundos
Hay mundos dentro de unos mundos y mundos fuera de otros mundos

 

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Elektra KB, No SMILES (Simplified Molecular-Input Line-Entry System) Yet, 2020.

Los pájaros trinan y llueve en Brooklyn. ⛈ 🌦 💦 💦 Como el sistema fármaco-capitalista me niega un tratamiento vital de salud, 🤑 sueño una vida con biohacking.

Inmediatamente, interecepto una comunicación del Territorio Autónomo Cátara (TAC).

Se abre un portal hacia el TAC. La apertura la provoca mi frustración por falta de servicios médicos y mi necesidad urgente de adquirir un tratamiento inmunomodulador. Al entrar en el mundo del TAC, automáticamente me convierto en ciudadanx de su territorio rebelde. 🛂 ⛑ Se produce un ritual de sanación cibernética: mediante su código molecular 🧬 plantas, animales, meteoritos y fuego se unen al tecno-ritual. 🐾 🌿 👾 🌺 🦑 🔥 ⚡ 🌌 🗻 🌊 Me llega esta sanación por medio de una suave canción de cuna digital. 🌬 👄 👂 💆

Hay mundos dentro de unos mundos y mundos fuera de otros mundos. De estos, algunos parecen sueños. “La mente no es capaz de imaginar nada que no exista”, aseguraba mi madre, una mujer de la ciencia. “¡Es teoría científica!”, decía. Sin embargo, yo creo que la mente humana posee una infinidad incognoscible.

Algunos crecimos en un mundo en eterna guerra civil, una distopía. En esta guerra civil la violencia nunca se detiene —a pesar de que una minoría enclaustrada sea inmune a sus efectos. La guerra se transforma, pero perdura. La guerra de la que no debemos hablar y que debemos pretender ni siquiera existe, cobra la vida de muchas personas inocentes que difieren o disienten. Esto hace la vida desechable y convierte el hambre y el desplazamiento en norma. Vivir en este mundo distópico me hizo descubrir que habían muchos mundos. Sabiendo esto, escribí mi propio manifiesto cuando era niñx, lo que me dio la posibilidad y la esperanza de escapar. Me liberó darme cuenta de que uno siempre puede vivir entre mundos.

Así viven los enfermos, con doble ciudadanía, como dice Susan Sontag: entre el reino de los sanos y el reino de los enfermos. [1] Sin embargo, necesito un pasaporte para viajar entre estos dos mundos. ☄ 🌏 🌑

En este mundo plagado de virus, los sanos han podido vislumbrar cómo vivimos los lisiados, pues muchos han emigrado a reinos indeseables. No sabemos si alguna vez habrá un despertar de lo humano, alejado de la jerarquía de los cuerpos en que se valora a las personas según su productividad.

No le tengo miedo a los hospitales; me preocupa más la falta de ellos. Un hospital en particular fue mi mundo dentro de un mundo, mi refugio en esta distopía.

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Elektra KB, Hospital Santa Marta de la serie ”Shostakovich’s 7th Symphony Healing Cathara Forces,” 2019. Boyacá, Colombia.

Crecí en un hospital en una zona rural de Boyacá, Colombia. En aquel entonces, mi padre recibió su educación gracias a una política internacional soviética para ayudar a los llamados países del tercer mundo. El hospital tenía lo que parecían cientos de habitaciones, incluida una capilla católica, una cocina con horno de carbón y un anfiteatro. Pasaba todo mi tiempo libre en las distintas áreas del hospital y vivíamos en una casita dentro del recinto. Recuerdo que la mayoría de las personas que trabajaban ahí eran mujeres y la mayoría eran mis amigas.

Crecí diciendo “sumercé”, que significa "a vuestra merced”, un término de reverencia usado desde la época colonial en lugar de "usted". La herencia de los colonizadores es una parte de nosotros que odiamos porque normalizó la violencia entre nosotros y hacia otras especies. Nos trajo pobreza y guerra. Nos alejó del universo entero al obligarnos a ser monoteístas cuadrados. Nos trajo un contrato binario de propiedad, donde los hombres subyugan a las mujeres y las mujeres se acumulan como propiedad. Fue el comienzo del Antropoceno, la lenta destrucción de nuestro planeta.

En medio de la continua destrucción de nuestros muchos mundos debido al extractivismo colonial —por un lado— y a la persecución política y la opresión estatal —por el otro—, se descubren universos alternos. Así fue como encontré la República Teocrática de Gaia (TROG por sus siglas en inglés).

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Elektra KB, Bodies of Water: Body As A Prison. Prison As A Body, 2016. Video.
Trailer - https://vimeo.com/201500223

I. Las cátaras insurgentes vs La República Teocrática de Gaia

La República Teocrática de Gaia (TROG) es un mundo que vive un período de intensa agitación geológica y social. TROG es un estado totalitario liderado por la gobernante suprema, Papisa, y su ejército de Seres con velos. TROG está poblado por troyanos colonizados y cátaras herejes —guerreras danzantes— que habitan los territorios precolombinos de TROG y lideran una batalla mística de resistencia contra las armas irradiantes de los Seres.

Sometidos a un imperio mundial fascista liderado por la Papisa, los troyanos, sus ciudadanos, han sido hipnotizados y así olvidaron cuál es la realidad. Viven a merced de dogmas incomprensibles en un culto de humanoides abstractos, como máquinas en una masiva fantasía escenificada. Están en busca del efímero Tetrapharmakos, la esencia del placer y la felicidad.

Los funcionarios estatales de TROG y sus disidentes —las Cátaras— vigilan el universo. Viajan a través de mundos en naves que doblan el tiempo.

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Elektra KB, The Accidental Pursuit of the Stateless, 2015.
Trailer - https://vimeo.com/130203668| Teaser - https://vimeo.com/291331921

La insurgencia revolucionaria cátara es una red militante que estableció el Territorio Autónomo Cátara (TAC). Para prevenir la destrucción de nuestros mundos multidimensionales, las Cátaras buscan la disolución del odio. TAC es un mundo cyberbog-trans-feminista habitado por cuerpos feministas. En TAC, el género puede ser biohackeado. Es decir, utilizan sustancias que alteran la forma en que la sociedad percibe el género. En TROG, las nuevas generaciones de biohackers se apropiaron del género con furia y quieren total libertad y autonomía sobre sus cuerpos sin la mediación del Estado.

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Elektra KB, C.A.T. Digital Checkpoint , 2020.

II. La política de sanar

Los funcionarios de inmigración del Territorio Autónomo Cátara viajan a nuestro mundo a través de portales espacio-temporales. Debido al auge de los sistemas de opresión, las cátaras crearon un pasaporte Autónomo Apátrida el cual se debe presentar ante los varios puntos de control. El pasaporte otorga la ciudadanía a las personas dispuestas a renunciar a la abstracción del Estado nación por la que los humanos matan y son asesinados. En un puesto de control TAC, uno tiene la posibilidad de renunciar su lealtad hacia las fronteras nacionales y del género, al chovinismo, el patriotismo y el fascismo. Para eso se debe declarar que esos conceptos no definen tu existencia, ni son marcadores del valor humano.

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Elektra KB, Territorio Cathara y Ciudadanía Global, 2019. Instalación in situ, puesto militar de madera y obstáculos antitanques. Hotel Nutibara - Medellín, Colombia.

En el Territorio Autónomo Cátara existen mutualismos entre máquina y cuerpo con el único propósito de curar cuerpos defectuosos en todas las especies. Las cátaras son seres inter-especie; algunas tienen bocas de flor aguamarina y seis ojos.

Tras el auge del fascismo, cuando otros virus que inducen el odio comenzaron a apoderarse de la población de nuestro mundo, las guerreras danzantes mágicas insurgentes Cátaras visitaron nuestro mundo para implementar sus fuerzas curativas. Viajaron en naves que doblaban el tiempo, utilizando la séptima sinfonía de Shostakovich como tecnología sónica para combatir el odio. La Séptima Sinfonía de Shostakovich fue utilizada como una táctica anti-fascista pues silenció exitosamente los bombardeos nazis durante la Segunda Guerra Mundial que occurrio en el planeta Tierra.

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Elektra KB, The Politics of Healing: DESTROYING SILENCE [La política de sanar: DESTRUIR EL SILENCIO], 2019. De la serie “Apathy No More.” [Apatía no más] HD video 7:07 minutos.

Mi resistencia y la tuya se están manifestando.

¿Qué tan maleable es lo espacio-temporal? ¿Y por qué la resistencia y el feminismo a veces se enmarcan como especulativos? ¿Por qué no son futuros en proceso de materialización y quién dice que no pueden serlo? ¿Quién es la autoridad que dice que la utopía es una imposibilidad en nuestro mundo y que debemos seguir girando como piñones en una máquina, desempeñando predeterminados roles sociales para la productividad y el consumo de manera ordenada? Hay una fuerza que quiere mantenernos prisioneros de la distopía. Cuando sabemos que, es un hecho científico, como dijo mi madre, que todo lo que la mente humana imagina realmente existe. Mi resistencia y la tuya se están manifestando.

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Elektra KB, Protest Sign VI - You Are Not Alone, 2020. Tejidos de técnica mixta.


Elektra KB es una artista Latinoamericana que vive y trabaja en Brooklyn, NY. Su obra aborda la enfermedad y la discapacidad física, imaginando sus posibilidades utópicas y universos alternativos. KB investiga género, migración, transculturalidad y abuso de poder. Su obra mezcla la ayuda mutua, la acción política y la comunicación, usando con frecuencia un enfoque híbrido entre el documental y la ciencia ficción, explorando la utopía y la distopía en yuxtaposición con nuestro mundo y un universo paralelo a través de textiles, fotografía, video, instalación y performance. Construye espacios que abordan conceptos como el aprendizaje o la curación a través de la reinterpretación de objetos y símbolos cotidianos como puestos de control migratorio, escuelas de la libertad o las salas de hospital. Su trabajo atraviesa: textiles, fotografía, video, instalación y performance.​

sitio web: elektrakb.com | Instagram @elektrakb


Notas para una Horizontal-ismo: Hacia la posibilidad de construirnos juntos en un ensamblaje, es un proyecto que responde a nuestras muchas emergencias. Como la creciente incertidumbre de habitar un mundo en crisis amenaza nuestra existencia en el futuro, esta iniciativa editorial busca contribuir a la construcción de un pluriverso desde la perspectiva del arte latinoamericano.


[1] Susan Sontag, Illness as Metaphor (Nueva York: Farrar, Straus and Giroux, 1978).