Instituto Figueiredo Ferraz: una acción inspirada en la pasión por el arte

Agosto 26, 2016

En la CPPC estamos muy entusiasmados con la respuesta que hemos tenido en redes sociales, y con el hecho de que João Carlos Figueiredo Ferraz, fundador del Instituto Figueiredo Ferraz, se sintió inspirado para escribir sobre su propia experiencia, misma que nos complace publicar aquí.


En 2001 el Museo de Arte Moderno de São Paulo organizó una exposición dedicada exclusivamente a las obras de nuestra colección. Su invitación a hacer esta muestra fue muy bien recibida, ya que había pasado mucho tiempo desde la última vez que había desempacado estas obras y fue una revelación mirarlas de nuevo. Lo que en un principio parecía ser un grupo reunido al azar de obras adquiridas a lo largo de los años, al mostrarse en conjunto resultó una colección coherente y bien fundada.

A partir de ese momento decidí que dichas obras no fuera empacadas nuevamente. Busqué, aunque sin éxito, a instituciones públicas que pudieran mantenerlas en calidad de préstamo. A pesar de que los interlocutores a quienes conocí mostraron buena voluntad, no fueron capaces de cumplir con mi requisito de que la institución que acogiera la colección debía venir a Ribeirão Preto, una ciudad fuera del eje cultural brasileño de Río de Janeiro y São Paulo. Mi deseo era llevar la cultura a una región marginada. Después de diez años sin poder encontrar una institución cultural pública que pudiera cumplir con esta estipulación, decidí construir lo que es hoy el Instituto Figueiredo Ferraz.

Cuando se terminó el edificio, abrí sus puertas a visitantes y por primera vez se mostró una exposición de mi colección en la ciudad de Ribeirão Preto. Los visitantes fueron aumentaro y al poco tiempo un grupo de mujeres que acababan de visitar la exposición solicitaron verme. Me dio curiosidad saber qué era lo que pensaban, y me reuní con ellas. Alabaron la iniciativa y dijeron que todo era hermoso, que estaban impresionadas, y me dieron las gracias por el generoso gesto de abrir sus puertas al público. Yo estaba un poco sorprendido por tal halago, y respondí, un poco en broma, diciendo que no era generoso en absoluto, que en realidad era la cosa más egoísta que había hecho. Les dije que por mucho tiempo había querido sacar las obras del almacén y tenerlas colgadas en paredes en donde pudiera verlas y disfrutar de ellas, y como no habría sido razonable cerrar las puertas y permanecer sólo en las galerías, las abrí para aquellos que quisieran acompañarme.

Aunque lo dije un poco en broma, soy consciente hoy de cuánta verdad había en esa respuesta. Si tratamos de anticipar lo que otros pensarán y actuamos en consecuencia, terminamos frustrados y desanimados porque la respuesta no es siempre lo que esperamos que sea. Por el contrario, cuando lo que nos mueve a hacer algo es nuestro propio placer, cuando un proyecto es producto de nuestra pasión y lo hacemos por nuestra propia satisfacción, no importa lo que otros piensen…nos satisface y siempre nos hace felices. Esto nos motiva a continuar, a hacer frente a los retos, y seguir adelante.

Ahora estamos celebrando el quinto aniversario de la inaururación del Instituto Ferraz Figueiredo. Además de las exposiciones (de la colección y de otros a quienes hemos invitado), también tenemos un auditorio en el que ofrecemos cursos y charlas sobre las artes. El instituto cuenta con un público entusiasta y ya es parte del tejido cultural de nuestra región. A través de un convenio con la Secretaría de Educación de Ribeirão Preto y del Estado de São Paulo, el Instituto ha desarrollado un programa educativo que atiende a miles de niños y adolescentes. Hoy en día este programa es una prioridad absoluta del Instituto, y con él tenemos la intención es desarrollar una élite cultural en nuestra región, que incluya a personas de todas las clases socioeconómicas.

A primera vista, uno podría fácilmente decir que la construcción de un edificio privado para albergar obras de arte es simplemente el producto del ego de un coleccionista. La idea de construir un lugar así es de hecho el resultado de un sueño, que podría parecer poco razonable, pero que tiene sentido para el soñador. Al principio, los amigos me dijeron que estaba loco, pero la decisión de compartir la colección con la comunidad resultó ser sólo el comienzo de la aventura; lo mejor y más difícil viene después. Los recursos y el apoyo que se requieren con el fin de ofrecer este servicio y mantener su calidad no se obtienen fácilmente. Como organización sin fines de lucro, el Instituto puede buscar el patrocinio del Estado y solicitar la exención de tributación fiscal federal. Sin embargo, el patrocinio no está garantizado. Si hubiéramos cedido la colección a una gran institución pública o privada, no tendríamos este desafío. Sin embargo, tenemos colaboradores que nos motivan, amigos que nos apoyan con entusiasmo y la satisfacción de una misión cumplida. Seguimos con nuestro trabajo, felices con el resultado, y llevamos a cabo nuestro proyecto a pesar de las dificultades y contrariedades pues, después de todo, nuestro sueño se hizo realidad.