Kai oxi ch’abäl ke taq re' pe Chixot

Agosto 3, 2020

Kai oxi ch’abäl ke taq re' pe Chixot - “Dos, tres palabras desde Chixot”

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Ángel Poyón Calí, Estudios del fracaso medidos en tiempo y espacio (detalle), 2008. Reloj despertador y dibujo. Fotografía: Andrés Asturias. Colección Hugo Quinto y Juan Pablo Lojo, Guatemala.

Ya no sabemos leer el futuro. Ahora hay muertos a cada rato y nadie lo siente, nadie llora, a nadie le importa. Todo nos individualiza y aísla, todo se resume en ver cómo cada uno subsiste. Así se desvanece el sentimiento de escuchar, sentir y aprender de las ancianas y los ancianos, de nuestras ancestras y ancestros.

Escuchar las vivencias de las abuelas y los abuelos es importante para el pueblo Kaqchikel porque nos permite estar en contacto con nuestro pasado, pensar y actuar en el devenir. Delante tenemos a nuestras ancestras y nuestros ancestros. Consultamos el pasado para construir el futuro. Las ancianas y los ancianos leen los sueños, nos hablan de lo que ya sucedió, por eso es importante escucharlos.

Ri qach’alal ni b’e/tzolin pa jamel, es decir, nuestro ser querido va/retorna al vacío, al ombligo de la madre Tierra, dicen las ancianas en la calle mientras pasa un funeral. Cuando los mayores se saludan, se descubren la cabeza, voltean sus sombreros y nos revelan las formas de ver-pensar: nos muestran los dos viajes, el físico y el no-físico, así como del otro retorno, el gran retorno, a nuestra casa, a nuestra raíz, Chi q'acho, Chi qaxe'el.

En nuestras prácticas ancestrales existen otras maneras de movilizarnos y expresarnos, prácticas que van desde la palabra y el sonido hasta la imagen, sin perder en ningún momento su energía. Esa energía está en la piel, como la comunicación de la abuela y el abuelo con el viento, el agua, el fuego, con la tierra. Esto nos hace reflexionar sobre el futuro que queremos vivir. Mi trabajo propone marcar el tiempo con un lugar en sintonía con la Tierra, donde coexista todo lo que nos rodea. El equilibrio nos garantiza de forma natural la supervivencia de todas las especies y de los demás recursos naturales.

Nuestras antiguas expresiones no eran producto de la creación individual, se nutrían de miradas y de vivencias colectivas, se nutrían de su propia historia. En esto eran muy diferentes a las ideas de la modernidad, en donde existen divisiones que discriminan entre “adelante” y “atrás,” “desarrollado” y “subdesarrollado,” y entre “moderno” y “tradicional.” Conceptos binarios que incluso los estados-nación usan para dividir y discriminar a nuestros pueblos indígenas.

Los pueblos indígenas han encaminado sus propias historias a través de la memoria, que nos sirve para anticiparnos y luchar para mantener una vida sustentable. Ante situaciones extrañas o inapropiadas nuestras abuelas y abuelos, por ejemplo, dicen Xaxe jalatäj ruwach ri k’aslem, es decir, es que el rostro del tiempo/vida cambió, por eso es que suceden estas cosas.

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Ángel Poyón Calí, Estudios del fracaso medidos en tiempo y espacio, 2008. Reloj despertador y dibujo. Fotografía: Andrés Asturias.

Estas palabras fueron las que me llevaron a preguntarme cuál es el actual rostro del tiempo y cómo representarlo. Empecé a pensar cómo funciona la era de la modernidad, qué te seduce sin que te des cuenta, cómo es el viaje del migrante y su extravío en el tiempo. El viajero, el vagabundo, el paseante, el peregrino, el emigrante, el exiliado, el expatriado, el turista, trazan sus recorridos en medio de geografías que les son irreconocibles. A ellos les descolocan las lenguas ajenas, los objetos y rostros desconocidos.

El emigrante está sujeto a crisis políticas, sociales o culturales permanentes. Para menguar esa disociación, el emigrante ha de establecer un vínculo con el espacio, ya sea el que abandona, el que ha de recorrer, el que ansía o al que ha de llegar. Esta toma de conciencia espacial le ayuda a protegerse de esa constante mirada de los otros, en quienes despierta intolerancia, hostilidad o sospecha. El viaje del migrante también define un tránsito existencial, un extravió individual y social. No se trata de refugiarse sino de extraviarse en el tiempo, lo que hace del mismo viaje una metáfora del olvido, de la necesidad de moverse, de la búsqueda de un nuevo hogar. El migrante busca una nueva casa idealizada, perdurable, donde se evoca la posibilidad del retorno al territorio que se añora: la tierra de los padres o los abuelos, un lugar imaginado o heredado a través de fotografías.

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Ángel Poyón Calí, Estudios del fracaso medidos en tiempo y espacio (detalle), 2008. Reloj despertador y dibujo. Fotografía: Andrés Asturias.

Estas reflexiones resultaron en la obra Estudios del fracaso medidos en tiempo y espacio, una narración no secuencial de un viaje en el cual nunca se consigue aterrizar. Estos estudios —tomados de dibujos de Piet Mondrian— sugieren un recorrido inútil, como lo fue el proyecto de la modernidad. Sugieren una brújula descompuesta, sin norte ni sur, que ha de llevarnos a través de tiempos y espacios múltiples, contradictorios e imposibles.

No hay que olvidar que la modernidad ha decidido que le corresponde el porvenir y a nuestros pueblos indígenas, el pasado. No se dan cuenta que para nosotros el tiempo  conlleva un trazo no siempre lineal de avance, que apunta a la posibilidad de vivir y pensar, de creer y crear de una manera propia. Que a través de la memoria comunal podemos reconocer nuestras particularidades y retomar caminos ancestrales sin permitir su folklorización. Que las nuestras no son expresiones desde la precariedad, ni pretenden ofrecer nuevas soluciones, sino que ofrecen resistencia cultural desde la reivindicación y la potencialidad de nuestros conocimientos y creencias ancestrales. Las nuestras son expresiones que asumen su diferencia frente a las de otras culturas y contestan políticamente distanciándose del modelo colonial.  


Ángel Poyón Cali (Kaqchikel) vive y trabaja en Comalapa, Guatemala


Notas para una Horizontal-ismo: Hacia la posibilidad de construirnos juntos en un ensamblaje, es un proyecto que responde a nuestras muchas emergencias. Como la creciente incertidumbre de habitar un mundo en crisis amenaza nuestra existencia en el futuro, esta iniciativa editorial busca contribuir a la construcción de un pluriverso desde la perspectiva del arte latinoamericano.