La crítica de arte en Latinoamérica: la crisis que no fue

Octubre 9, 2014

La Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA) fue creada en 1948, sólo tres años después de la fundación de la UNESCO, organismo al que pertenece. Once años después, en un congreso extraordinario de la asociación en Brasilia que se llevó a cabo a petición del presidente Kubitschek, se manejó fugazmente la idea de que la crítica de arte podía ser una profesión discreta. Incluso entonces, aquella noción pareció fantasiosa. En palabras de un observador, la reunión marcó el “comienzo del final de la época dorada de la crítica de arte y su reemplazo gradual por los valores del mercado”.

Avanzando 56 años hasta el día de hoy, ya no encontramos el mismo tipo de crisis como la que describe Raphael Rubenstein en Critical Mess: Art Critics on the State of their Practice (ed., 2006), o J.Khonsary y M. O’Brian en Judgment and Contemporary Art Criticism (eds., 2010), sino un problema mucho más amplio e integral.  Lo que los críticos cada vez más especializados, escritores e intelectuales enfrentan hoy en día es una crisis generalizada de valores críticos. Esta crisis proviene en parte del relativo subdesarrollo de los sistemas del arte en América Latina, y también del colapso de la teoría posmoderna.

A pesar de la presencia de la AICA en Brasil en 1959, la crítica independiente en América Latina, como disciplina separada de los textos de curadores, académicos o profesionales de los museos, estaba poco desarrollada, poco expuesta, no completamente fundada y era malentendida. Sin embargo, entre 1960 y 1990 hubo un claro auge de cierto tipo de crítica de arte latinoamericano. En gran parte como reacción a la escritura metafórica de críticos-poetas que publicaban en revistas como Vuelta de Octavio Paz, escritores como Juan Acha, Aracy Amaral, Néstor Garcia Canclini, Mario Pedrosa, y Marta Traba respondieron a lo que Gerardo Mosquera ha llamado “la producción de teorías”. Más tarde, en su propia colección de crítica, Beyond the Fantastic: Contemporary Art Criticism from Latin America (ed. 1996), Mosquera buscó a un grupo más joven de intelectuales y académicos que estaban en contra de la utopía, entre los que figuraban Luis Camnitzer, George Yudice, Nelly Richard y Mari Carmen Ramírez. Todos estos escritores, sin excepción, abordaban la crítica a través de un modelo curatorial. También se convirtieron en figuras centrales del éxito actual del arte contemporáneo latinoamericano, fenómeno que rara vez se debe a los avances nacionales o regionales, sino que más bien se da por el acceso a bienales e instituciones de primer nivel en Estados Unidos o Europa.

Una de las circunstancias que me parece más inquietante de la crítica de arte actual en Latinoamérica es lo poco que se produce para un público local o regional no especializado. Es como si el público general no existiera. Además, aunque la mayoría de los intelectuales aceptan los límites de la globalización, pocos escritores latinoamericanos parecen comprometerse con lo que Hélio Oiticica llamó una zona de total accesibilidad: “aquella en la que nadie se ve limitado por estar en presencia de un objeto artístico”. Basta ver, por ejemplo, la actual escasez de artículos sobre arte latinoamericano contemporáneo, o incluso la falta de libros o revistas que hablan sobre la materia.