Por una participación creativa

Mayo 6, 2015

Llegué de Cuba en los sesenta y regresé en 1993 para un festival de teatro. Antes de eso, mi obra no abordaba a la Cuba revolucionaria de forma directa. Carmelita Tropicana, el personaje que creé, nació en la isla, pero era una artista contemporánea en el centro de Nueva York. Aunque criticaba la política estadounidense, siempre me sentí incómoda hablando sobre Cuba, un lugar que solo conocía a la distancia. Después de mi visita en 1993, dos de mis performance en teatro encararon la complejidad de la política cubana. Milk of Ammesia hablaba sobre mi regreso. El otro estaba basado en la saga de Elián González, titulado With What Ass Does the Cockroach Sit?

¿Boicotear o ir a la Bienal de La Habana? Ese es el problema. Y es un problema muy complicado para mí. Apoyo la obra de Tania Bruguera como artista/activista. Hoy, Bruguera está arrestada en su departamento por volver a montar una de sus piezas, llamada Tatlin´s Whisper #6. También le confiscaron el pasaporte.

En Cuba in Tania Bruguera´s work: The Body is the Social Body, Gerardo Mosquera brinda una descripción elocuente de la obra de Bruguera. The State of Detention: Performance, Politics and the Cuban Public, de Coco Fusco, da otro punto de vista.

El trato que el gobierno cubano le ha dado a Bruguera es resultado de su intento por trasladar su performance llamado Tatlin´s Whisper #6 a La Plaza de la Revolución, donde Fidel Castro ha dado incontables discursos y donde el gobierno convoca a sus manifestaciones. Le pregunté a una periodista cubana, simpatizante de la Revolución, qué pensaba de Bruguera. Me dijo que no apoyaba su causa. “Imagina una manifestación en el jardín de La Casa Blanca. Es un espacio sagrado”.

Durante una recreación de Tatlin´s Whisper #6, los seguidores de Bruguera fueron los primeros en plantear un posible boicot a la Bienal. Cuando me preguntaron, mi primera reacción fue ir a Cuba y asistir al evento.

El boicot me remite a los viejos bloqueos, y es por eso que prefiero participar. Creo que quienes vayan a la Bienal pueden apoyar la causa de los artistas cubanos, ya sea presionando a los programadores del evento o estableciendo un diálogo con otros países sobre la libertad de la expresión artística. Cuba no es el único país que censura a sus artistas. En los noventa, en Estados Unidos estuvimos metidos en el embrollo de las “Culture Wars”. Mi decisión, como acto político, será ir a la Bienal y encontrar maneras de conectarme con el problema.