Qué puede hacer o significar "colonial" hoy

Octubre 25, 2019

Colonial es una palabra problemática cuando se usa para caracterizar las artes de los virreinatos de las Americas. Sin embargo, me parece que es un término extremadamente útil para describir la producción, mecenazgo y recepción de las artes en Hispanoamérica. Es un término muy distinto del "colonial" usado para Anglo América, que se refiere exclusivamente a formas de producción, patrocinio y recepción de origen europeas.

Algunos, sin embargo, simple y felizmente reemplazarían "colonial" por "virreinal" como si el término virreinal no fuera igualmente problemático. Virreinal implica una cultura española y los españoles y muchos criollos modernos prefieren este término. El término colonial de alguna manera parece ser displicente ante la formación de la cultura española en América. Puede sentirse tal porque colonial implica un sentido de dependencia, en lugar de una cultura española definida como un algo unificado, incuestionable y progresivo/civilizador en Hispanoamérica asi como en otros lugares. Colonial también puede ser un término ahistórico. Sin embargo, no usar el término colonial evita tener que confrontarse con condiciones y estudios postcoloniales que se desarrollaron en otros lugares y bajo diferentes condiciones, pero que son importantes para comprender las artes de Hispanoamérica en términos de una historia del arte social.

¿Qué implica entonces “virreinal” para categorizar el arte hispanoamericano? ¿Las condiciones de producción y recepción fueron las mismas en todos los virreinatos de España? ¿Los ciudadanos de los virreinatos de España estuvieron sujetos al mismo estatus y formación social? La respuesta a estas preguntas es, por supuesto, no. Ni su arte se considera igual. Por ejemplo, uno no piensa ni llama al arte napolitano de los siglos XVI y XVII las “Artes Virreinales de Nápoles”. Pero Nápoles fue un virreinato, como lo fueron Portugal (1580-1642), Aragón, Sicilia, Valencia, etc. ¿Las artes allí se consideran virreinales? No, en realidad no.

Virreinal es un término reservado para América y las artes de México y Perú y más tarde para Nueva Granada y Río de la Plata. Nunca, hasta donde yo sé, un artista nacido en España se llamaría "Lo Spagnoletto" en los virreinatos de América como se conoció a Ribera en Nápoles. Ribera es para España "el primero de los grandes maestros españoles en emerger en las décadas medias del siglo XVII", según la página web del Prado. El término virreinal nunca se usa para describir su obra y, mientras se exhibe en el Prado junto a los maestros españoles, la obra de ningún artista virreinal de América, ni siquiera aquellos españoles, italianos o flamencos, se exhibe de manera permanente en el Prado. Sin embargo, muchas pinturas virreinales, como el magnífico retrato triple de Don Francisco de Arobe y sus dos hijos, del artista Andrés Sánchez Galque, quien firma no sólo su nombre sino afirma que es indígena (natural), pertenece a la colección permanente del Prado. Las pinturas de Hispanoamérica fueron exiliadas del Prado y enviadas al Museo de América, en donde se exhiben junto a objetos arqueológicos precolombinos. Por lo tanto, el arte virreinal no es un término aplicado universalmente. Denota, igual que “arte colonial”, una jerarquía de valores y apreciación, y crea un estatus separado y profundamente desigual. Pero entonces, ¿qué hay del uso de los términos “virreinal” y “colonial” para referirse al arte de Hispanoamérica? Son radicalmente distintos.

Virreinal implica el concepto político y cultural de que América no existió bajo condiciones diferentes, ciertamente no coloniales. El término virreinal imagina una condición política y culturalmente neutra, aún cuando no lo sea. Virreinal, como el único término empleado para estas artes, elimina cualquier posibilidad real de una historia del arte social. Más aún, virreinal claramente refiere sólo las nociones europeas de las artes visuales en las que la pintura sobre lienzo, la escultura y la arquitectura son las categorías definitorias de valor, interés y estudio. Esta naturalización de las artes de Hispanoamérica se confirma en los muchos catálogos y monografías que materializan el enfoque exclusivo sobre estas categorías, con frecuencia tratando de dar forma a un canon de obras y artistas basados en un modelo epistemológico puramente europeo. Es más, estos proyectos son importantes para la formación del estado nación moderno que presenta una historia e historia del arte comparables a las de Europa que iniciaron desde el siglo XIX. El relato histórico de Bernardo Couto sobre la pintura virreinal en México, Diálogo sobre la historia de la pintura en México (1872) y de Manuel Araujo Porto Alegre Memória sobre a antiga Escola Fluminense de Pinturain (1842) sobre el arte colonial de Brasil dan inicio a este tipo de formación canónica. (Ni siquiera es posible usar el término virreinal en Brasil). Por supuesto, el arte virreinal existe especialmente en los centros de poder político y económico como la Ciudad de México, Lima, Quito, Pueblo, etc. Pero “virreinal” no incluye las condiciones sociales de producción ni en América ni en la India virreinal del siglo XIX, en donde se desarrollaron los estudios postcoloniales. Los claros antagonismos contemporáneos entre Cuzco y Lima tienen una larga historia, como lo demuestra la lucha legal de finales del siglo XVI y principios del XVII por definir cuál de las dos ciudades sería la “Cabeza del Perú”. Este conflicto histórico manifiesta de manera abstracta las diferencias entre virreinal (Lima) y colonial (Cuzco).

No estoy abogando por tirar el grano con la paja. A menudo uso el término virreinal para describir mucha de la arquitectura y pintura de Hispanoamérica. Es un término útil que permite, entre otras cosas, formular genealogías con modelos europeos, frecuentemente a través de grabados, o entender los sistemas de mecenazgo que llevaron las pinturas de Zurbarán a San Francisco en Lima, la serie de talleres de Ruben a Bogotá o Santa Rosa de Caffa en Lima. Pero virreinal por sí mismo no es suficiente.

El término virreinal también parece confirmar el concepto de George Kubler de 1961 de la extinción de todo el contenido simbólico precolombino en el arte y el lenguaje después de la conquista. Virreinal obnubila las condiciones históricas de la mayoría de las personas que vivieron, trabajaron y vieron el arte producido allí. Colonial (aunque no es un término usado históricamente para Hispanoamérica hasta el siglo XVIII) es más inclusivo ya que abarca las condiciones opresivas del trabajo forzado de los pueblos indígenas en Perú, de esclavos africanos –muchos de los cuales eran artistas que trabajaban en toda América–, y el sistema racializado de castas utilizado para crear jerarquías sociales en las Américas. Colonial también captura expresiones artísticas y medios que caen más allá de las normas de Europa, como las pinturas de casta de México, las pinturas de Ángeles arcabuceros del Perú, obras de plumas de México, pinturas “mopa-mopa”de resina de Colombia y Perú, manuscritos ilustrados de México, o textiles del Perú. Estas son obras que fueron producidas bajo condiciones "coloniales" en los virreinatos de América y que pueden soportar el peso del término colonial.

Colonial, por lo tanto, es un término que llama inmediatamente la atención sobre diversas formas de expresión artística que son diferentes de otros virreinatos españoles y pueden incluir a Brasil en el análisis de las artes de América. Colonial también anuncia diferentes expresiones y distintas formas que caen fuera de las normas de categorización europeas, como ocurre también con la descripción de muchas personas. Por lo tanto, también utilizo colonial en mi escritura y mi docencia, y no me gustaría pensar que colonial pueda ser reemplazado por otros términos. Dicho esto, al igual que virreinal, colonial debería usarse para calificar ciertos tipos de producción, patrocinio y recepción artística hispanoamericana, y probablemente haya otros términos que podamos imaginar. Colonial también puede llevar la discusión de la producción artística en la América española, inglesa, holandesa, portuguesa y francesa al análisis comparativo. En otras palabras, debemos continuar pensando y escribiendo dialéctica y críticamente, especialmente ahora que en el siglo XXI enfrentamos un blanqueamiento de la historia de las Americas, en el propio continente y en Europa.