Si el cheverismo no es la respuesta, ¿cuál es la pregunta?

Junio 10, 2015

El cheverismo se sitúa en una amplia tradición de la economía de la amistad que plantea redes de colaboración en el medio artístico basadas en afinidad profesional y muchas veces también personal. El nepotismo le ha sido históricamente familiar al medio artístico, para bien y para mal. La ventaja del cheverismo es que no pretende y nunca ha pretendido suplir carencias sino que surge justamente de la afinidad entre personas como respuesta a circunstancia personales y profesionales específicas – una pequeña alianza entre amigos que ha ido creciendo. En ese sentido y como reacción espontánea es difícil juzgar si es útil o perjudicial para un determinado medio (y más aún en este caso que se extiende más allá de contexto en particular) pero si se puede analizar su experiencia hasta la fecha y especular sobre sus potenciales consecuencias.

El cheverismo –disculparán la obviedad– tiene como premisa el ser chévere, que se asume promueve prácticas justas, respetuosas y amistosas entre un amplio y vago grupo de “partidarios;” un derecho que se ejerce más que al que se opta. Esto es, de partida, una ganancia en un medio que como bien plantea la pregunta inicial presenta “compromisos de socialización, de círculos de apoyo mutuo y de exclusiones e intrigas” injustas y en base a criterios arbitrarios. De allí que no sorprendan los excesivos eventos de networking ni la preeminencia que han adquirido las ferias de arte. No se trata de satanizar sino de analizar las prioridades y tendencias del medio. Con esto quiero decir que si sabemos que, por la naturaleza subjetiva de la producción artística y cultural, este tipo de alianzas serán inevitables, habría que respaldar aquellas que promuevan acciones y estrategias constructivas y “amistosas” sobre los circuitos que persiguen poder y beneficios que no contribuyen a la producción artística.

Por otro lado, el cheverismo efectivamente ha promovido y en algunos casos posibilitado la circulación de ideas y la reivindicación de la producción cultural de una región de América Latina que precisamente por las carencias de su circuito oficial, no han tenido un camino fácil. Dudo que este fenómeno en particular sea la solución a esas carencias pero ha generado canales alternos de producción, circulación y pensamiento que si han contribuido a la escena artística latinoamericana actual. Si una potencial “falta de profesionalismo” puede afectar el desarrollo de las instituciones en Latinoamérica, habría que evaluar el contexto y a las instituciones mismas más que a las reacciones a, o consecuencias de esas faltas – nos guste más o menos su modus operandi o conformación específica.

En el peor de los casos, el cheverismo habrá promovido prácticas basadas en la colaboración y la afinidad, incuestionablemente valores que como trabajador del arte, pero también como persona, me parece ético acuerpar. En el mejor, generará vínculos profundos entre artistas, curadores, galeristas y otros actores del medio artístico que indudablemente contribuirán a una mayor articulación de los atomizados circuitos culturales de la región, lo cual a su vez resultará en una escena más articulada, con muchas de estas redes y ojalá eventualmente también más profesional. Esto dependerá no tanto del cheverisimo sino de un trabajo coherente y responsable desde múltiples posiciones.