Sobre el OP…timismo.

Mayo 18, 2014

Alrededor de 1989 se desarrolló una formidable conspiración entre el mundo académico, coleccionistas e instituciones que proponían erradicar el cáncer de la genealogía revolucionaria-muralista-fantástica-surrealista que aún parecía ser la referencia necesaria para cualquier panorama latinoamericanista.  La causa podía ser vista, quizás, como una expansión horizontal del gusto europeo por la abstracción y la reactivación de la sensibilidad modernista a través del descubrimiento de un depósito geométrico extremadamente rico, que una exclusión de décadas mantuvo como un territorio inexplorado.

La aceptación de un “modernismo paralelo” en realidad estimuló el rescate de la sensibilidad modernista de su tedio post- pollockniana, y la repentina revaluación de un enorme mercado secundario para trabajos subastables hizo posible una variedad de juegos de estimulación neomodernista en la sinergia entre la curaduría, la colección y la producción historiográfica.  El nivel de abstracción hizo posible ubicar los caracteres de Mira Schendel junto a la escritura criptográfica pintada de Ferrari; las diferencias temporales en los dibujos sin papel de Gego como una crítica al arte venezolano de los  setenta dejaron de parecer asincrónicas y antagónicas al auge del neoconcretismo en Brasil una década antes; y el despliegue de color de Hélio Oiticica pudo arder en la misma hoguera que la vibración cinética de Venezuela.  Más recientemente, el nexo constructivo terminó siendo usado para librar una apología decididamente nostálgica en favor del momento de postguerra  en que América Latina ofreció el opuesto estructural a la angustia existencialista europea, y atenuó el estereotipo del subcontinente como la región de las venas abiertas por la violencia, la pobreza, el imperialismo y la desesperación.  En palabras de  Gabriel Pérez-Barreiro, observar  al arte constructivista del sur nos recuerda que alguna vez hubo “un momento en que Latinoamérica era un ejemplo de esperanza y progreso…”.  Que esta visión de la “Geometría de la esperanza” implicara una erradicación retroactiva de responsabilidad por los desastres económicos y sociales que habían ocurrido debido al lobby pro desarrollo fue un precio pequeño a pagar por el proyecto de nuestra inclusión.

Ahora, en los primeros años del siglo XXI, el rescate de la tradición constructivista tiende a llenar ferias y galerías con obras que recurren a reclamos de legados para ser validadas, como si esa herencia de referencias pudiera garantizar algún semblante de vitalidad o continuidad cultura.