Tejiendo futuros (in)ciertos

Octubre 27, 2020

Tejiendo futuros (in)ciertos:
El largo andar de los pueblos indígenas originarios

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Francisco de Parras, “Somos pueblo” 2019. Primer Festival de Danza “Báilate Otro mundo”. Organizado por el EZLN, Caracol Tulan Ka'u, Chiapas. Imagen cortesía del artista. Fotografía tomada en el marco del II Festival de Cine Puy ta Cuxlejaltic, diciembre 2019, en donde los caracoles zapatista organizaron eventos de danza y cine para visibilizar las muchas luchas autónomas que se dan en otras latitudes del mundo.

Hay que mirar el futuro,
viviendo el presente,
pero sin olvidar el pasado

(Proverbio Aymara)

I

Escribir sobre el futuro es hablar de lo incierto, de lo indefinido, de lo que aun no tiene un rostro preciso. Es hablar de una imagen desdibujada, cuyos contornos son apenas visibles, pero permiten trazar los caminos para lograr lo pensado, lo soñado. La existencia del futuro, su construcción y materialización alentadora o desfavorable, está condicionada por el presente: el aquí y el ahora en que nos situamos, en que somos y pertenecemos con (nos)otros/as o, por el contrario, desde las diferencias que nos distancian de pensar, sentir y actuar en/desde lo komon, que es uno de los principales elementos para alcanzar los horizontes imaginados.

La noción del komon en los pueblos tseltales de Chiapas apela a lo “común”, a la “colectividad” y se ejerce no en palabras, sino en acciones reales. Como en la construcción de una escuela, de una carretera, en la limpieza de los ríos, las veredas y las milpas, en la preparación de alimentos, actividades que tanto hombres como mujeres de una comunidad llevan a cabo para cumplir con la meta en común, por el bienestar de la colectividad. Estas acciones se acuerdan en una asamblea, se programan para organizarse: el komon a’tel, o trabajo colectivo, trabajo para el bien común. Esto es la antesala del porvenir, no del “futuro”, que en nuestra lengua tseltal no existe en una palabra; más bien existe en la práctica, en la vida cotidiana como una constante posibilidad de creación.

La práctica del komon mengua cada vez más. Las generaciones que nacieron después de nuestros/as abuelos/as y padres/madres no suelen involucrarse en las actividades de trabajo colectivo y de la comunidad, síntoma de la interrupción de lo komon, práctica que se hace desde hace mucho tiempo por nuestros/as primeros/as padres y madres. Corremos el riesgo de que los horizontes comunes se destejan y se persigan fines individuales, lo que anula toda posibilidad de creación colectiva, de ser/estar en un mundo en el que se pueda existir en y con (nos)otros/as.

¿A qué se debe esta desvinculación con lo komon? No es descabellado pensar que es parte del resultado del largo proceso colonial y la vida capitalista impuestas desde afuera de las comunidades, en donde los modos de pensar, hacer y construir la vida son otros. Ello ha provocado cambios sustanciales en el pensamiento, las relaciones, los afectos y la solidaridad entre los habitantes de los pueblos, quienes se distancian de las prácticas de reproducción de la vida cotidiana, para apropiarse y reproducir unas que pertenecen a otro orden, a otras lógicas. Estos cambios hacen que nos preguntemos cuál será el futuro (in)cierto y posible en los pueblos si nosotros/as, los/as de ahora, no vemos el mundo como era visto y sostenido por nuestros/as abuelos y abuelas. Todo cambia, nada permanece estático, pero si somos el largo aliento de los más de 500 años de opresión y aun seguimos aquí, ¿cuál es nuestra responsabilidad histórica con quienes han luchado para darnos y continuar en este camino llamado vida?

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Susanna Rostas, “Camino a la laguna de Banabil, hombres y mujeres de Tenejapa” (Rostas, 2013). En cada inicio y mitad de año, las familias “de costumbre” de Tenejapa, así como las mayordomías, fiadores y músicos, se dirigen a la laguna de la Virgen de Banabil para rezarle a la laguna, ofrecerle alimento y darle nuevos vestuarios. Este ritual se lleva a cabo para pedir a la virgen de la laguna, el bienestar del pueblo y la protección del medio ambiente.

II

Todo komon tiene su yorail, es decir, su “tiempo”, su “momento”, su “hora” y “lugar” en que las cosas suceden o deben de realizarse.  El futuro también tiene su propio yorail, no en términos de tiempo, sino como un proceso que se lleva a cabo para alcanzar lo pensado. El futuro es una constante construcción. Una vez que se llega al objetivo, uno nuevo se visualiza. Esto último se denomina pajelch’awej, es decir, “mañana y pasado”, los tiempos se encuentran en una misma palabra para referirse a algo que no se sabe con exactitud si sucederá, pero que es posible mientras se tome la experiencia pasada y se teja con el camino que está por recorrerse. La materialización de lo posible está condicionada por nuestra capacidad de acción y organización individual y colectiva.

El pajelch’awej se dice, por ejemplo, cuando dos personas se despiden y no saben exactamente cuándo se volverán a encontrar, pero están seguros de que sucederá. Esa es, quizás, la metáfora de la vida y el tiempo. Por eso los futuros existen en el orden de la imaginación, lo anhelado, lo previsible. Nada se puede descartar o dar por perdido. Nada muere definitivamente, somos un constante volver, renacer. Mientras el pajelch’awej sea dicho y creído, todo puede ser posible. Esto se puede interpretar del Popul vuh, libro de los mayas quiché, en donde se habla de la creación del mundo, más no de su fin, sino de constantes ciclos, de varios renaceres, de varias batallas. Así lo pensaron y piensan en el mundo andino con el Pachakuti: una constante lucha, en distintos ciclos, por recobrar el tiempo/espacio despojado y colonizado. Son los horizontes de dos culturas aparentemente distantes pero no distintas en visión.

Esto se vincula directamente con la creencia de que el mundo no se acabará, pero sí los humanos, la humanidad, pues el mundo ya existía mucho antes de los pueblos. Los pájaros no nos necesitan para cantar, ni los árboles para crecer, ni los ríos para brotar. La Me’tik kaxeltik (Madre Tierra) tiene la capacidad de restaurarse sin la necesidad de nuestra existencia, reaviva su alma sin importarle los “futuros” que la humanidad se trace.

III

Mucho del futuro está condicionado por los desafíos del presente. Cuidar(nos) es un acto político, solidario y humano en estos tiempos de contingencia. Tener resiliencia y pertenencia con aquellas familias que no pueden interrumpir sus actividades cotidianas y se encuentran en situación de riesgo. Asumir la responsabilidad de proteger(nos) sin esperar las acciones de los gobiernos, de por sí nulos. Es en la práctica diaria como la que se vive en las comunidades indígenas, en los sectores populares, en las comunidades en resistencia y rebeldía donde las políticas del cuidado se hacen visibles y posibles [1] .

De esta manera han logrado sobrevivir y enfrentar cada una de las adversidades y desafíos que surgen afuera de los pueblos indígenas originarios, en consecuencia de la expansión del mundo eurocéntrico hegemónico, capitalista y colonial cada vez más fragmentado.

Solo mediante la organización, la (co)responsabilidad con unos/as y otros/as, el cuidado social-comunitario y la Me’tik balumilal, los horizontes del futuro tendrán un mejor panorama. Esto puede ser posible mientras no nos falte la fuerza, la voluntad, la solidaridad, la capacidad organizativa y la imaginación, el ya’yel ko’tantike: sentir-pensar-hacer entre todos/as para todos/as, como en los últimos 500 años de largo andar de los pueblos indígenas originarios del mundo.


Delmar Ulises Méndez-Gómez es documentalista, ensayista y académico tseltal chiapaneco. Maestro en Comunicación y política por la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco. Es integrante del Observatorio de las Democracias: sur de México y Centroamérica, del CESMECA-UNICACH. Es miembro de la Red Mexicana de Jóvenes por la Investigación (ReMJI). Se ha dedicado al estudio de las expresiones artístas, comunicativas y culturales de los pueblos originarios en Chiapas.


Notas para una Horizontal-ismo: Hacia la posibilidad de construirnos juntos en un ensamblaje, es un proyecto que responde a nuestras muchas emergencias. Como la creciente incertidumbre de habitar un mundo en crisis amenaza nuestra existencia en el futuro, esta iniciativa editorial busca contribuir a la construcción de un pluriverso desde la perspectiva del arte latinoamericano.


[1] Véase Méndez-Gómez, Delmar (2020). “Cultura del cuidado: los pueblos indígenas en Chiapas ante la pandemia”, Red Mexicana de Jóvenes por la Investigación, disponible en: https://www.remji.mx/post/cultura-del-cuidado