Breve relación de las gestiones de Fernando Gamboa

Octubre 8, 2016

Este es uno de varios artículos comisionados para ser publicados conjuntamente con el Seminario Fundación Cisneros 2016, Muestra, cuenta. Lee el texto editorial para saber más sobre el resto de los artículos comisionados, publicados o por publicarse.


Puede reconocerse a Fernando Gamboa (1909-1990) como uno de los promotores culturales más decididos de la modernidad en México; su influencia se extiende y domina casi la totalidad del siglo XX que lo coronó como el “inventor de la museografía mexicana”[1].  Algunos análisis recientes de su trayectoria ven en su labor la prefiguración de la curaduría de arte en México. Tengo para mí que Gamboa fue ello y mucho más; su agencia cultural no sólo incluyó la realización de exposiciones e instalación de museos con sus colecciones permanentes.

Junto a notables funcionarios como José Vasconcelos, Carlos Chávez y otros, su trabajo abarcó la implementación estatal de la ideología del México moderno que el estado postrevolucionario difundió por el mundo todo; un mundo aún lejano a la globalidad donde el arte y la cultura fungieron como carta de presentación y moneda de cambio diplomática. Lo que el gobierno mexicano concebía como identidad cultural cohesiva, Gamboa lo convertía en exposición y política pública.

Fernando Gamboa también tuvo un comienzo, modesto y osado. Sus inicios pasaron por la formación plástica que estudió en la entonces prestigiada Academia de San Carlos. Quizás el producto más notable de Gamboa como artista plástico sean las pinturas murales que junto a Pablo O’Higgins, Leopoldo Méndez y Alfredo Zalce legó al edificio de los Talleres Gráficos de la Nación, mediada la década de 1930. Ya en esa misma década comenzaron sus primeros ensayos curatoriales. Durante la Guerra Civil española, Gamboa viajó a aquel país como parte de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios de México para asistir al II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, celebrado en Valencia en 1937. En ese marco, y configurada ex profeso para ello, presentó la muestra “Un siglo de grabado político mexicano”.[2]

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Biblioteca de la Confederación Revolucionaria Michoacana del Trabajo. Morelia, Michoacán. Autor no identificado, 1936. Archivo de la Promotora Cultural Fernando Gamboa, A.C.

 

A partir de ello, Gamboa encuentra en la realización de exposiciones un modelo comunicacional al que recurriría para difundir internacionalmente la cultural nacional. La línea rectora de casi todas ellas se distinguió por entender a la historia mexicana como un compendio ininterrumpido, desde las culturas prehispánicas hasta el arte de actualidad; una sucesión progresiva que encuentra su cima en la utópica modernidad.

“A través de sus diversos periodos históricos y sus variadas expresiones artísticas, el arte mexicano, desde las culturas indígenas arcaicas hasta nuestros días, mantiene una misma fuerza creadora en estrecha relación con la vida y el espíritu del pueblo…la exposición responde a una concepción cronológica del desarrollo de nuestro arte, haciendo resaltar aquellos momentos cumbres de cada etapa”[3]. Bajo esa óptica sumaria, Gamboa organizó durante décadas decenas de exposiciones itinerantes con éxito inusitado, y que definían lo mexicano a partir de tres etapas históricas que servían como núcleos expositivos: la época prehispánica, la colonia española y el México moderno.

Este modelo fue, sin duda, la gran aportación de Gamboa a la museografía nacional. Lo replicó incansablemente logrando que los acervos arqueológicos y pictóricos del país viajaran por las principales capitales europeas y estadounidenses, así como en la organización de pabellones mexicanos en ferias internacionales como Bruselas en 1958, Montreal en 1967, Osaka en 1970, la Feria Mundial de Nueva York en 1965, y otras. Todas, exposiciones y pabellones realizados bajo el auspicio del gobierno mexicano y en las que Gamboa actuaba como funcionario cultural casi omnipotente. Hoy sería difícil imaginar que el patrimonio prehispánico saliera de gira por el mundo con la prontitud que lo hacía bajo el mando de Gamboa.

 

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Pabellón de México en la Exposición Mundial de Bruselas, 1958. Autor no identificado. Archivo de la Promotora Cultural Fernando Gamboa, A.C.

Mucho tiempo antes de esa omnipotencia, durante la década de 1940 y como parte de sus tempranas gestiones, Fernando Gamboa concibió y exploró un modelo de gestión cultural privado denominado Sociedad de Arte Moderno[4], que funcionaba bajo el patrocinio de la oligarquía y las élites culturales[5]. En un local sobre la avenida Reforma (una de las avenidas más concurridas de la ciudad de México) se instaló la sede de la Sociedad de Arte Moderno y ahí Gamboa realizó entre 1944 y 1946 cinco muestras memorables: la primera exposición de Pablo Picasso en México, una muestra de máscaras prehispánicas, otra de paisaje mexicano, otra de obras maestras de pintura europea y una individual de Manuel Álvarez Bravo.

Durante esa misma década, Gamboa ensayó distintas formas de gestión cultural que engrandecieron el patrimonio mexicano y que excedieron el modelo museográfico -por ello, repito, la agencia de Gamboa iba más allá de lo curatorial. Ello se comprueba observando la expedición arqueológica que organizó siendo funcionario del Instituto nacional de Bellas Artes en 1949 para documentar y estudiar las entonces poco conocidas ruinas mayas de Bonampak, y a la cual invitó a un equipo multidisciplinario de artistas, escritores, fotógrafos, arqueólogos y otros.

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Mujeres lacandonas en Bonampak. Foto por Colette Urbajtel, 1949. Archivo Manuel Álvarez Bravo, SC.

En ese mismo año Gamboa, tras una detectivesca indagación, viajó personalmente a California, EUA, para investigar y más tarde recuperar para el patrimonio nacional una voluminosa colección de pinturas y esculturas coloniales que habían sido extraídas de México de forma ilegal. El hecho fue reportado profusamente por la prensa escrita de la época y el retorno de las obras al país concluyó con una exposición que inauguró el presidente de la república. Así creció, sucesivamente, la fama de Gamboa como salvaguarda del patrimonio mexicano.

Su figura llegó a cobrar dimensiones míticas al verse involucrado en la recuperación heroica de un conjunto de obras que las llamas –provocadas por el levantamiento como reacción de la población enardecida por el asesinato del líder social Eliécer Gaitán en Colombia– amenazaban con destruir. Las obras habían viajado a aquel país para exponerse como parte de la IX Conferencia Panamericana, organizada por Gamboa en 1948. Las crónicas de los hechos afirman que Gamboa, entre el fuego cruzado y los incendios provocados por el levantamiento en el Palacio de Comunicaciones, tomó la bandera de México y llevó hasta la embajada tres cajas que contenían la obra de la exposición. Luego, durante esa noche montó guardia en el Palacio de Comunicaciones para custodiar las obras restantes que no pudo trasladar a la embajada[6].  

En décadas posteriores, entre 1972 a 1981, Gamboa fungió como director del Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México. Al poco tiempo de su gestión invitó a Carla Stellweg a fundar la revista Artes Visuales (1973-1981) que el museo publicaba y auspiciaba, y que suele considerarse como la más importante e influyente de la década de 1970 en México. Editada por Stellweg y diseñada por Vicente Rojo, centró sus contenidos en el arte de vanguardia ligado a los conceptualismos latinoamericanos, al arte postal y las expresiones no objetuales que Juan Acha definía en aquellos tiempos.

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Mesa redonda en el Museo de Arte Moderno, México. Foto por Paulina Lavista, agosto de 1973. Archivo de la Promotora Cultural Fernando Gamboa, A.C.

Artes visuales avala y demuestra el contacto cercano que Gamboa tuvo con lo que más tarde se historiaría como arte contemporáneo mexicano, a pesar de que su labor como curador y gestor siempre estuvo encaminada a promover lo que ahora se conoce y estudia como arte moderno mexicano. Las más de 600 muestras de artistas mexicanos en el extranjero que Gamboa realizó lo han llevado a ser reconocido como el padre de la museografía mexicana.

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Sala Rosa del Museo de Arte Prehispánico Rufino Tamayo, Oaxaca, México (cada sala con un color de la paleta de Tamayo). Foto por Alejandro Gamboa, 2015

Entre el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México y el Museo Tamayo se encuentra un arbolado corredor. Ahí, en 1996, para honrar a Gamboa se colocó ceremoniosamente un pedestal con su busto tallado en bronce. Hace apenas dos años, ya como robo simbólico, ya como mero vandalismo o delincuencia, su efigie fue robada… en los albores de un nuevo siglo.


[1] El título fue impuesto por el intelectual Octavio Paz.
[2] Puede rastrearse en este hecho el que Gamboa fuera encargado por el presidente Lázaro Cárdenas de ejecutar la política mexicana de asilo a los exiliados republicanos españoles. El propio Gamboa fue quien organizó el transporte de los refugiados hasta el puerto de Veracruz en tres barcos: el Sinaia, Ipanema y Mexique, y en otro barco más, el De Grasse, hasta Nueva York.
[3] Discurso de Fernando Gamboa al inaugurar la “Exposición de arte mexicano en París” en 1952. Tomado del libro Fernando Gamboa. Embajador del arte mexicano, editado por Conaculta en 1991
[4] “La educación artística del público mexicano y la elevación de su nivel cultural general, así como el fomento y estímu- lo a la creación del arte nacional, son los principales fines de LA SOCIEDAD DE ARTE MODERNO” expresado así en el primer catálogo publicado por la SAM a propósito de la exposición de Picasso en 1944.
[5] Entre los asociados se encuentra a Manuel Álvarez Bravo, Inés Amor, Alfred H. Barr, Ing. Luis Barragán, Adolfo Best Maugard, Luis Cardoza y Aragón, Dr. Alfonso Caso, Henry Clifford, Miguel Covarrubias, Carlos Chávez, José Chávez Morado, René d’Harnoncourt y muchos más.
[6] Entre las obras que logró salvar se encontraban piezas del Dr. Atl, Juan O’Gorman, José Clemente Orozo, Diego Rivera, David Alfaro Siquieros, Rufino Tamayo, José María Velasco, entre otros.