Coleccionista: ¿qué hay en una palabra?

Septiembre 8, 2014

La primavera pasada hablé sobre ser un coleccionista durante una conversación pública entre el profesor Edward Sullivan de NYU y yo, en el Center for the History of Collecting del Frick Museum. La charla, a la cual asistí por invitación del director del centro, Inge Reist, tuvo lugar entre una multitud de colegas coleccionistas, historiadores de arte y aficionados. La reunión me brindó la oportunidad de reflexionar no solamente sobre lo que significa ser un coleccionista, sino sobre la palabra misma para designarlo en inglés: "collector".  Me pregunté en voz alta si no habría un término más apropiado para expresar las responsabilidades inherentes a la colección de arte. "Collector" tiene la desafortunada connotación, por lo menos para mí, de sentido de privilegio colonial: la idea de que el territorio cultural está a disposición de quien quiera tomarlo, de que el placer y el poder de poseer constituyen la esencia de coleccionar.

Históricamente ha habido colecciones cuyo propósito ha sido la mera acumulación; otras cuyo único interés ha sido económico; y, las más tristes de todas, algunas cuyo objetivo ha sido reunir los artefactos de una cultura con el fin de destruirla. Mi esposo Gustavo y yo siempre hemos creído firmemente en la primacía de la gestión, con la obligación implícita de cuidar y abogar por nuestras colecciones durante el breve periodo de tiempo que estén en nuestras manos, y planificar su futuro.  La educación, la preservación, la conservación y la publicación han sido primordiales en nuestra misión, junto con una práctica robusta de préstamos a museos y otras instituciones que permiten que nuestras colecciones sean vistas por muchas personas en contextos variados y dinámicos. Con el paso de las décadas, ha sido enormemente satisfactorio ver que estos esfuerzos han llevado a una comprensión más profunda de la cultura latinoamericana y de los objetos individuales que están en nuestro cuidado.  He crecido junto con las colecciones gracias a las obras de los artistas que éstas incluyen, a los curadores, historiadores y educadores con los que he tenido la fortuna de trabajar, y a mis colegas coleccionistas.

Después de la plática en el Frick, una persona en la audiencia se me acercó y señaló el contraste entre el término "coleccionista" en español, y su equivalente "collector" en inglés.  Me pareció una observación esclarecedora: el primero se acerca más al sentido de devoción y dedicación que siento; el segundo parece apuntar solamente a un proceso casi mecánico de acumulación de objetos.  Tal vez sólo sea algo que se pierde en la traducción.